LA COLUMNA

Aurelio Martín

Periodista


Libertad responsable

18/05/2020

En un país donde, cada fin de año, es preciso recordar que antes de las doce campanadas vienen los cuatro cuartos, es muy complejo hablar de actitud equilibrada de algunos ciudadanos, al final nos introducimos en esa España que retrató Berlanga que, en realidad veíamos como si se reflejara en el espejo de la realidad. Siempre hay quien, bien por unos intereses concretos, por sacar ventajas o por pensar que con él no va la feria, se salta la norma que, por otra parte, hubiera sido innecesaria si existiera conciencia colectiva del problema, en este caso la actitud individual frente a una pandemia.
En el entorno se presenta un Gobierno que se desgasta en la gestión de una crisis sanitaria sin precedentes en 100 años, con problemas de comunicación,  tratando de sortear el enfrentamiento con fuerzas políticas aliadas, con cierta pereza hacia la negociación y encarándose a graves problemas económicos que tiene enfrente a representantes de otras administraciones y partidos que alientan concentraciones callejeras, aunque en las fotografías haya quien aparece como la Mater Dolorosa,  la imagen que nos muestra la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso,  apoyado que «la gente salga un ratito» con las cacerolas a pedir libertad... Paradójicamente, quien aún añora un régimen que se distinguió por perseguirla en pro del orden y la paz, haciendo un uso partidista de la bandera y atribuyéndose todo el dolor por los fallecidos afectados por el virus precisamente en una autonomía con competencias en materia de residencias de mayores, donde se han registrado al mayor número de muertes, cerca de 6.000.  
Dos meses de confinamiento han hecho bajar la capacidad de contagio,  pero también se comienzan a padecer contraindicaciones en el aspecto psicológico y de la actividad económica. Los primeros datos de la encuesta de seroprevalencia indican que solo un 5% de la población muestra anticuerpos para el virus. Estamos muy lejos de presentar una inmunidad general, además de tener que esperar un año, al menos, para contar con la vacuna. Las noticias no son alentadores, si sumamos a que siguen sin conocerse muchas claves del comportamiento del virus, para poder atacarlo.
¿Donde está la solución?, en el comportamiento responsable individual que permita  controlar la expansión de la infección de una forma que no sea tan radical, como la del confinamiento, con una Administración que establezca una correcta vigilancia epidemiológica, con aislamiento de los afectados y rastreo del entorno.  Si se siguen los consejos de los expertos,  estableciendo unas normas de protección, como máscaras o mantener distancia social, sería posible un regreso más rápido a la vida normal.  Ahora que el virus está parado, hay que poder arrancar y llevar un estilo de vida que permita controlarlo y no se expanda.  Amemos a España y a su futuro desde el comportamiento ejemplar, sin necesidad de decretos ni medidas coercitivas, entendiendo que la libertad de un individuo termina donde comienza la del otro.  



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