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Fernando Jáuregui

TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


'Avanti tutti' con Pedro Sánchez

08/10/2021

La verdad es que no tengo muy claro que 'avanti tutti' tenga un solo significado en su traducción al español: desde 'vamos todo el mundo', hasta 'venid por aquí, chicos', he encontrado numerosas versiones en los diccionarios. Todas se aplican al momento, pienso que dorado, que vive Pedro Sánchez, el hombre mimado por la diosa Fortuna y que, en el último capítulo de su camino de rosas --con algunas espinas, claro-- ve prácticamente segura la aprobación de los Presupuestos cuyo anteproyecto sacó adelante este jueves un Consejo de Ministros extraordinario. Y, más que un camino, me parece que ve ante sí una autopista, de peaje naturalmente, ante su reelección en 2023, o cuando sea.

Sospecho que a Sánchez incluso le van a sobrar votos para hacer triunfar en el Congreso de los Diputados 'sus' presupuestos, expansivos y con inversión pública casi récord. Luego ya veremos si estas cuentas generales del Estado se ajustan a la realidad, pero, por lo pronto, calcula que podrá tener el voto favorable de 176 escaños... sin contar con los de Esquerra Republicana de Catalunya, que con bastante probabilidad los apoyará también, en un momento dulce de las relaciones entre el Gobierno central y el Govern de la Generalitat, controlado por ERC. Lo comprobaremos en la buena marcha de la mesa negociadora entre ambas partes, donde lo esencial es ganar tiempo, "que no es poca ganancia", como me dijo una fuente negociadora catalana.

Además, Sánchez sabe cómo gastar el dinero, en bonos, cheques-vivienda o lo que sea: los caladeros de votos de jóvenes, pensionistas y funcionarios pueden sentirse tratados en estos Presupuestos de manera bastante halagüeña, en términos generales, por el Ejecutivo de coalición, Una coalición, por cierto, donde las desavenencias son una mera cuestión cosmética, que tanto a PSOE como a UP conviene.

Así, Sánchez encara el ecuador de la Legislatura con muchos menos sobresaltos que el azaroso comienzo, y a esta 'pax monclovita' contribuye no poco el hecho de que Pablo Iglesias ya no esté en el Gobierno y ni siquiera en la política. Su reemplazo, Yolanda Díaz, es harina de otro costal, al menos a corto plazo, que es lo que interesa: después, a partir de 2023, ya se verá lo que hace la hoy vicepresidenta con esa plataforma de 'la izquierda a la izquierda del PSOE' que ha comenzado a hilvanar y que puede, cuando fuere, dar algún disgusto serio al histórico partido fundado por Pablo Iglesias (Posse, naturalmente) allá por el 2 de mayo de 1879.

Pero eso será más tarde. De momento, y casi por primera vez en su historia, el PSOE es una balsa de aceite, donde no cabe ni imaginar la menor disidencia. Cierto que, tras haber sido defenestrado de Ferraz casi literalmente hace cinco años, Sánchez se las ha arreglado para controlar, desde un presidencialismo y un personalismo absolutos, un partido que se dirige hacia la celebración de su 40 congreso, sin duda el más 'tranquilo' que se haya conocido jamás. Los disidentes han quedado machacados, minimizados, olvidados o integrados. Y, si no, véase a Susana Díaz, sin ningún futuro político, sentada en su escaño del Senado.

¿Qué más puede desear un hombre cuya principal ambición es seguir en el poder como hasta ahora, sin mayores trabas y viendo pasar desde su palacio en la Cuesta de las Perdices los cadáveres de sus enemigos, máxime cuando donde realmente pasan apuros parece ser en la oposición que capitanea su aborrecido Pablo Casado, digan lo que digan las encuestas? Por lo pronto, si Casado quiere ser presidente del Gobierno alguna vez --y es quien más probabilidades tiene de suceder a Sánchez--, que espere todavía unos años y arregle lo suyo con Vox, comentan, despreocupadamente, los monclovitas.

Son muchos los que creen que las 'soluciones a la alemana', con acuerdos transversales, son mejores que los 'pactos Frankenstein', como los definió Pérez Rubalcaba, una persona que quizá, de haber seguido viva, encarnaría una seria oposición interna a Sánchez. Pero hoy, los principales obstáculos para el buen y plácido sueño presidencial son apenas los jueces -muchos jueces--, los periodistas --no todos, naturalmente-- y los riesgos imprevisibles, como lo que hipotéticamente pudiera ocurrir con el regreso de Juan Carlos I a España.

Aparte, claro, de esa situación de injusticia social que, como por ejemplo acaba de hacer Cáritas, denuncia una nutrida exclusión como mal ya casi secular en el país. Pero, claro, Sánchez no está para resolver males seculares si no es con recetas muy parciales y rentables electoralmente a corto. Y en cuanto a lo imprevisible, ¿qué puede importarle a un hombre a quien la suerte nunca le ha fallado (hasta ahora, claro) lo que pueda depararle el 'fatum'? Así que 'avanti tutti' a toda máquina... ¿hacia dónde? Bueno, eso, como en 'Lo que el viento se llevó', ya lo pensaremos mañana.