Juan José Laborda

RUMBOS EN LA CARTA

Juan José Laborda

Historiador y periodista. Expresidente del Senado


Dos perspectivas sobre los comuneros

16/05/2021

El 500 aniversario de la rebelión y derrota de los comuneros me sigue inspirando algunas ideas sobre la política y el Estado en España, y en Castilla y León.

Hay dos perspectivas para contemplar a los comuneros. La primera es la que resulta de la investigación histórica de aquellos hechos, cuyos protagonistas fueron Juan de Padilla, Juan Bravo, Francisco Maldonado (ejecutados tras su derrota en Villalar, en 1521), y también los otros líderes comuneros, el obispo Acuña, Pedro López de Ayala, conde de Salvatierra, Pedro de Girón, grande de Castilla, o María de Pacheco, la aristócrata y esposa de Juan de Padilla.

Desde que Manuel Danvila y Collado investigó en el Archivo de Simancas (1897-1900), y que después publicaría los documentos de la rebelión contra Carlos I Habsburgo, la historia de los comuneros se hizo a partir de datos contrastables. Aunque Danvila empleó métodos científicos, basados en el positivismo que por entonces triunfaba con Leopold von Ranke -el gran historiador prusiano cuyo lema era escribir la historia como realmente fue-, lo cierto resultó ser que Danvila no fue capaz de superar sus prejuicios políticos, e interpretó la rebelión comunera como la reacción de unos nobles antiguos contra la modernidad que representaba el rey Carlos I, que había sido elegido emperador en Alemania, con lo que se iniciaba el predominio de España en Europa y en el mundo.

La miopía histórica de Danvila tiene puntos de contacto con el hecho de que los comuneros fueron olvidados (premeditadamente) durante los siglos de la Monarquía autoritaria y absoluta de los reyes Austria y Borbones, una particularidad cultural y social que yo pienso que fue debida a la también singular naturaleza del Estado hispánico, mucho más dependiente de la Iglesia que en la mayoría de los reinos europeos de su misma época. Como he comentado varias veces, la nobleza hispánica (pues la nobleza de las Indias estaba aún más subordinada), nunca pudo tener alguien parecido al barón de Montesquieu, y con ello quiero sostener mi idea de que la libertad y el control político, propios de la nobleza, como por ejemplo en Inglaterra, pesaron ideológicamente menos que la justicia distributiva, que era propia de la Iglesia y de los clérigos en España.

paña. Se puede sostener que la derrota de los comuneros tuvo consecuencias políticas y estatales porque la nobleza castellana -parecida a la gentry inglesa (la gens o gentiles de Roma)- , desde los hidalgos hasta los que no pertenecían a la aristocracia, perdió su capacidad o privilegio de controlar al rey, y esta limitación (con la decadencia de las Cortes Generales de Castilla), se añadiría a que el rey castellano no necesitaba a su nobleza para financiar sus gastos, pues la plata americana fue el nervio de su poder omnímodo.

Desde que José Antonio Maravall, en 1963, publicó su estudio sobre los comuneros, que subtituló Una primera revolución moderna (la reciente edición tiene un prólogo de José Álvarez Junco), la visión de la derrota de Villalar cambió. Maravall hizo un estudio con el método comparativo, y mostró las afinidades entre la rebelión castellana y la inglesa del siglo siguiente, con la diferencia de que los parlamentarios ingleses derrocaron y ejecutaron a su rey, en medio de una revolución religiosa, política y social. Después del libro de Maravall, Josep Pérez, José Ignacio Gutiérrez Nieto, Stephen Haliczer, y otros muchos historiadores, han profundizado el estudio de los diversos factores de una rebelión que a punto estuvo de convertirse en una revolución en Castilla. Con una visión diferente, que interpreta el movimiento comunero como de defensa de la tradición castellana, el libro reciente de José Joaquín Jerez Calderón, introduce un punto de vista que no es desdeñable.

La segunda perspectiva es ver Villalar como símbolo nacional y, hoy, como símbolo autonómico. No es una casualidad que los comuneros fuesen olvidados, al mismo tiempo que se olvidó a los conquistadores de Indias (empezando por Cristóbal Colón), mientras América fue la base fundamental de la Monarquía hispánica. Su resurrección cultural se debe al liberalismo, ligado emocionalmente a los héroes de Villalar, y, paralelamente, las nuevas repúblicas americanas reivindicaron a los conquistadores, e hicieron del español o castellano idioma oficial de aquellos territorios, algo que nunca había sucedido bajo dominio español, ya que la Iglesia prefirió siempre predicarles en sus idiomas originarios. Desde luego, los indios fueron peor tratados con la independencia que cuando habían sido súbditos del rey y de la Iglesia. ¡La oposición entre la libertad y la justicia! (y que quizá explique el éxito capitalista de USA en contraste con las constituciones justicieras de Cádiz y de las repúblicas hispánicas).

Juan Martín Díez, el empecinado, capitán general de Castilla durante el Trienio Liberal, prestó un homenaje a los comuneros, por primera vez, en Villalar.

Ese gesto contiene los elementos que explicarán, tal vez, la dificultad que España ha tenido, desde las Cortes de Cádiz, para dotarse de símbolos compartidos, tanto nacionales, como regionales. La polarización política, en tanto crea irracionalidad y odio político y cultural, creo que lo puede explicar. De eso escribiré en próximas cartas.



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