PLAZA MAYOR

Maite Rodríguez Iglesias

Periodista


La falsa seguridad

04/04/2020

Nunca las cuatro paredes de los hogares nos hicieron sentir tan seguros como en esta crisis generada por un agente infeccioso invisible que amenaza con cambiar radicalmente la sociedad que conocíamos hasta ahora. El quédate en casa que nos hemos tatuado en la frente como medida más efectiva para evitar el contagio del COVID-19 ha convertido cada casa en un refugio blindado frente al virus, pero no frente a sus consecuencias más negativas.
Poco a poco, conforme transcurren los días, somos cada vez más conscientes de que esta situación de emergencia se prolongará . Ahora parece que mayoritariamente comenzamos a vislumbrar un horizonte complejo tras los entretenimientos que ideamos los primeros días para superar un confinamiento que nunca habíamos llegado a imaginar. Las distopías se convierten estos días en teorías factibles y el miedo al futuro comienza a asomar en unos hogares que, en su mayoría, todavía afrontan esta crisis en una situación de confort. Los porcentajes que apuntaban un mínimo coste en vidas humanas se diluyen porque ya no son muertes lejanas, allende de nuestras fronteras o  de nuestro entorno, que conocemos mientras comemos plácidamente frente al televisor. Ahora el dolor es cercano, afecta a familiares o amigos. La emergencia es real y está aquí. Y no podremos mantenernos siempre en la falsa seguridad que aporta este confinamiento casero. Habrá que pasar de la parálisis a la acción.
De momento, ese ejercicio lo están haciendo los que denominamos héroes, a los que aplaudimos todas las tardes. Un reconocimiento que muchas veces esconde la incapacidad para afrontar un escenario para el que no nos programaron aunque no hayan faltado a la largo de nuestra historia crisis similares de las que parece que no aprendimos lo suficiente. 
Pero no es tarde y, además, de una manera u otra todos iremos asumiendo que hay que activarse para encarar este nuevo escenario. Deberemos salir de la zona de confort para volver a luchar por casi todo aquello que hasta ahora dábamos por garantizado y que la crisis económica que seguirá a la sanitaria amenaza con llevarse por delante. Deberemos recurrir a herramientas que teníamos guardadas y habrá que tirar de coraje, valentía, solidaridad y empatía. Unos valores muchas veces diluidos en la sociedad que ahora dejamos atrás, pero que podemos priorizar en la que tendremos que comenzar ya a construir.