PLAZA MAYOR

Alfonso González Mozo

Periodista


Va-cu-nas

13/02/2021

Moderna, Pfizer, AstraZeneca, Sputnik V... nos hemos aprendido los nombres de las vacunas y las farmacéuticas igual que los niños memorizan la alineación titular de su equipo. De carrerilla, ilusionados por lo que vendrá, expectantes por la que nos tocará, ansiosos por un pinchazo que clarifique un futuro que solo volverá a ser halagüeño si los de esta alineación, y los que negocian con ellos, rinden como deben. 
Los laboratorios, esos y los que están aún en ello, tienen entre manos mucho más que una vacuna. Lo suyo es un antídoto contra la vida triste y gris a la que nos somete un virus, convertido hace ya casi un año en pandemia y que no solo está causando unos estragos descomunales en la salud y la economía, sino que mata cada día a miles de personas en casi cualquier rincón del mundo –qué envidia dan los australianos, por cierto– y que es capaz de subyugar al mayor de los optimistas ante su devastadora capacidad para infectar a la que una sociedad, un pueblo, una familia o un grupo de amigos... se relaja.
La primera ola nos pilló por sorpresa y nos confinó casi sin enterarnos de lo que era eso del coronavirus. La segunda ola se nos coló entre caña y caña, en un verano que clamaba desahogo, entre ese calorcito que decían que mataba al ‘bicho’. Y lo de la tercera, pues ya se sabe la que se lió en navidades, que llevamos mes y medio aguantando y que nadie sabe cuánto más ni si habrá una cuarta ola.
Las incógnitas son tantas y de tal tamaño que la ciudadanía ansía certezas, y  si hay algo demostrado por este virus es que aprovecha la más  mínima relajación para arrasar. Por eso son tan importantes las vacunas.
Va-cu-nas. No puede haber más hoja de ruta que vacunar, vacunar y vacunar. Pinchazo a pinchazo hasta sitiar al maldito coronavirus. Inmunizar a discreción. Y, por ahora, eso es una entelequia. Son pocos los sanitarios que han recibido el doble pinchazo y nadie sabe a ciencia cierta cuántas vacunas llegarán el mes que viene.
El calendario vacunal está sometido a la avaricia de unos laboratorios que se mueven por la pasta. El dinero manda hasta en una crisis sanitaria mundial y nadie osa cuestionar un sistema que debe acelerar por las buenas o por las malas, con alianzas para poner ya a los laboratorios de todo el mundo a producir vacunas como churros.



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