UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


El día después

Ya comprenderán ustedes lo arriesgado que es dedicar estas líneas a razonar sobre un resultado electoral, o a analizar sus causas y sus consecuencias, cuando todavía no se han celebrado las elecciones, y uno tampoco es adivino, ni oráculo, ni profeta. Con un agravante, además. Otras veces era posible anticipar un resultado determinado con cierta dosis de probabilidad y, por tanto, se podía minimizar el riesgo de no acertar. Pero esta vez la incertidumbre es elevada; cabe algún pronóstico razonable, por supuesto, aunque es muy posible que un buen número de escaños se decidan en un puñado de votos, de forma que perfectamente pueden caer de un lado o de otro y, tal como están las cosas en cuanto a posibles alianzas posteriores, fácilmente podrían alterar el escenario resultante. Incluso ocurrirá que la decisión final que haya tomado ese elevado número de indecisos que todos los sondeos detectaron, modifique las previsiones en el último momento. ¡Cómo para hacer apuestas cuando esto escribo¡
Así que el calendario es el calendario, y eso sí que no está en nuestra mano alterarlo. Hay, no obstante, un punto de partida razonablemente previsible: que, sea cual sea el reparto final de escaños, todo apunta a que nadie estará en condiciones de gobernar por sí sólo, salvo que los demás lo permitan. Y esto es lo que, objetivamente, constituye motivo de preocupación a unos días vista, y muy probablemente lo seguirá siendo días después. Pasa lo siguiente: venimos de una legislatura bien movida; tal vez se nos ha ido olvidando que hubo elecciones en diciembre de 2015, que no se pudo formar gobierno, que las elecciones volvieron a repetirse en junio de 2016, que el gobierno que a duras penas se formó no tuvo mucho margen de decisión que digamos, que finalmente fue derribado por una moción de censura en junio de 2018, y que el nuevo gobierno duró ocho meses. O sea, que no se pudo terminar la legislatura, que aún duraba hasta 2020.
Ni la inestabilidad política, ni la debilidad de los gobiernos, son buenas compañeras de viaje; tampoco andamos sobrados por aquí de cultura o de experiencia de coalición. Si las cosas han salido más o menos como se preveía, será esta buena ocasión para aprender. Los problemas del país, algunos de ellos de suficiente gravedad, lo van a necesitar.


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