PLAZA MAYOR

Alfonso González Mozo

Periodista


¿Y el deporte base para cuándo?

27/02/2021

La pregunta se repite como un mantra en el mundillo del deporte base y parece que nadie tiene la respuesta. La Junta, que lleva meses condicionando la fecha a la adecuación de la situación epidemiológica, no quiere dar el paso de autorizar las competiciones con contacto porque entiende que son unas de las actividades no esenciales para la sociedad que pueden generar contagios, tanto dentro como fuera del campo; entre el público. 
Por su parte, las federaciones insisten en que pueden implantar protocolos covid-19 lo suficientemente estrictos como para poder garantizar la seguridad en el desarrollo de la práctica deportiva por equipos.
Y en medio de estos dimes y diretes, miles de chavales que ansían recuperar otro trocito de su vida. Porque el deporte es salud, pero no basta con poder entrenar sin contacto, el cuerpo les pide volver a competir cada fin de semana. Es la salsa del deporte, por mucho que la formación se encuentre cada día en el entrenamiento. No conozco a nadie al que le apasione un deporte al que no le guste medir sus fuerzas con el de enfrente, pelear unidos en un equipo por la victoria... Ganar o perder, en definitiva. ¿Qué es el deporte, si no?
Es obvio que, sobre todo en esta tercera ola, la pandemia ha exigido a la ciudadanía una vida en pseudoconfinamiento que no aconsejaba casi ninguna actividad, con lo que mucho menos los centenares de partidos de fútbol, baloncesto, balonmano... de cada fin de semana. Pero no es menos cierto que mientras las competiciones oficiales siguen prohibidas, los campos de Valladolid –sobre todo de la capital, por cierto– se llenan cada fin de semana de partidos ‘ilegales’. Amistosos pactados entre los clubes pese a que la norma solo les permite entrenar en grupos de seis y sin contacto. Encuentros jugados con la más absoluta normalidad, sin mascarillas, así, al libre albedrío en una época tan restrictiva en la que ni siquiera podemos bajar la basura sin ponernos la FFP2.
La incongruencia es supina. Se impide la vuelta de las competiciones, en las que podría haber un protocolo estricto y, por ejemplo, se podría determinar la obligación de utilizar mascarilla (como ocurre en Madrid), pero se hace la vista gorda con todos esos partidos amistosos, encomendados a que haya suerte y el entrenador de turno actúe con mesura y responsabilidad.