LA MAREA

Antonio Pérez Henares

Escritor y periodista. Analista político


Encuestocracia

Salimos a unos 400 días históricos por año, hay día que doblan, basta con que se case un futbolista y tenga una ocurrencia Puigdemont y ahora a una media de cien encuestas al mes. De la inmensa mayoría de los primeros no quedará en una nada, todo lo más dos, rastro alguno ni por escrito ni oral. De las segundas el día que se cuenten los votos no se querrán ni acordar, en muchos casos, ni quienes las hicieron. Pero por el momento quien manda es el vaticinio y los políticos bailan a su compás. 
Porque si hay un elemento definitorio del momento este no es otro que la encuesta y la encuestocracia es el verdadero apellido del régimen político. Es la severa dieta de todos los que a ello se dedican y de ello viven. Es su plato casi en desayuno, comida y cena. Por las encuestas se deciden a convocar elecciones, por las encuestas crean un partido, por las encuestas dejan otro, por las encuestas pegan el  volantazo y se cambian del carril y por ellas se pasan al contrario y se ponen en plan kamikace. 
De aquí al 10-N nos queda de todo ello un verdadero maratón en el cual habrá sobre todo y ante todo un intento esencial: la impostación. El intentar que el rival no perciba cual es el estado en que uno está y en trasmitir al votante-observador que se está fuerte como un toro y que su derrape va a ser espectacular. Si para ello se tiene, hay quien sí y pagado por todos, un encuestador de cabecera pues mejor que mejor. 
Estos días el coro encuestador está teniendo una general coincidencia. Que tal vez Sánchez por creerse los sondeos y los augurios de su gurú puede haberse equivocado y que más que ganar lo suyo puede ser un perder. Pero resulta que eran los mismos sondeadotes los que entonces decían aquello y hoy dicen lo contrario. ¿Y dentro de un mes que saldrá? Pues vaya usted a saber. Si con barbas san Antón y si no, la Purísima Concepción.