A QUEMARROPA

Julio Valdeón

Periodista


Invierno mortal

24/12/2020

El invierno del caos será también el de la muerte. 10.654 nuevos casos de Covid-19 en las 24 previas a la escritura de esta columna. 260 fallecimientos adicionales. Cuando les hablen de 49.000 fallecimientos sepan que deben sumar otros 18.577 no diagnosticados durante la hecatombe de la primavera. Concretamente 5.525 muertos extras con el Covid-19 y 13.032 con síntomas clínicamente compatibles. De creer los datos del INE, que digo yo que sí, y siguiendo las recomendaciones de la OMS, somos uno de los dos países con más muertos por millón de habitantes del mundo. En la loca carrera al cementerio sólo nos supera Bélgica. O sea, que con los datos del Ministerio de Sanidad, a 9 de diciembre, habíamos acumulado 998,77 cadáveres por millón de habitantes, cuarto puesto a nivel mundial. Toda una gesta. Pero si añadimos los muertos según la cuenta del INE entonces son ya 1.393,28 muertos por millón. Lo dicho. Sólo nos supera Bélgica, que ya suma la bestialidad de 1.532,82 por millón. Por lo demás hablo con un amigo, médico, que ha estudiado las posibles medidas profilácticas para evitar el tsunami en los espacios cerrados y el naufragio de la restauración. Me explica que a estas alturas ya está clarísimo que la guerra es contra la alta concentración de aerosoles víricos y que son indispensables tanto las corrientes que ventilen las habitaciones como los filtros HEPAs y las mascarillas. Lejos de legislar con claridad las autoridades locales prefieren mirar para otro lado y evitarse problemas. Nadie quiere tomar medidas antes de que lo haga el vecino, nadie arriesga y, lo peor, nadie hace demasiado caso a los científicos. La Navidad de nuestro mal será la del combate entre la superchería de una clase política adicta a los bustos mecánicos y a sueldo y a la cobardía de quienes, obligados a decir, prefieren guardar la ropa mientras sus conciudadanos se dejan los pulmones. Gente en espacios cerrados, insiste mi confidente, desinhibida por el alcohol, sin HEPAs ni renovación del aire, la receta para el desastre.