DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


Nada será igual

Nada volverá a ser lo mismo. La crisis del virus nos está enseñando que otro mundo, mejor, es posible. Es verdad que los humanos somos los únicos animales que tropezamos en la misma piedra dos veces. Y más también. A lo peor nos olvidamos pronto del sentimiento de solidaridad y empatía que recorre los balcones de las casas a las ocho de cada tarde. A lo peor los políticos vuelven a las andadas cuando todo esto pase: Las estrategias de poder suplantarán el esfuerzo generoso y solidario. A lo peor nos olvidaremos de nuevo de que los servicios de salud han de ser inexcusablemente derechos básicos y no instrumentos mercantiles. A lo peor nos olvidamos del sentimiento de fraternidad universal surgido en el dolor y el mundo seguirá moviéndose por intereses geopolíticos bastardos de unos pocos. A lo peor…
Pero hay otros comportamientos que no tendrán vuelta atrás porque el problema ha venido a demostrar que otro mundo es posible. Es posible avanzar más rápido en la conciliación familiar, en el reparto de las tareas y en el mayor rendimiento laboral al mismo tiempo. Es evidente que el trabajo manual seguirá requiriendo de la presencia física del trabajador, pero también en muchos casos se está demostrando que existen nuevos procedimientos para rentabilizar con más eficacia el tiempo. Tanto es así, que algunas empresas han podido constatar estos días el mal tan generalizado en España de confundir el excesivo presentismo laboral con una mayor productividad. El trabajo desde casa lleva implícito el control de los objetivos y de las respuestas satisfechas. No es de extrañar las sorpresas surgidas en algunas empresas al hacer tan imprevisible cribado: En plantillas aparentemente saturadas de trabajo muchos de sus empleados carecían de deberes para llevarse a casa cuando comenzó la cuarentena. Y qué decir de los chinos, que de la noche a la mañana se nos presentan como el míster Marshall de los productos sanitarios y la esperanza en la investigación de tratamientos y vacunas. No, ya nada será igual. Tampoco los chinos.