EL BLOC DEL GACETILLERO

Jesús Fonseca

Periodista


El Rey de todos

Tenemos un Rey estupendo. Cada día que pasa, los españoles lo queremos más. No sólo por eso que repiten los monárquicos, hasta aburrir a las ovejas, que la Corona es la Institución vertebradora del Estado y bla, bla, bla, sino por algo más sentido. De poco serviría la tan cacareada neutralidad, sino fuera por la cercanía de un Rey que ha logrado colarse en las vidas de sus compatriotas, gracias a una entrega y un saber hacer tan sereno y tan medido, que poco se le puede reprochar.
¿Quién no siente en Don Felipe al mejor defensor del bienestar de los españoles? Hasta a Podemos se ha metido en el bolsillo, como acabamos de ver en estos días. Durará lo que dure este guiño, pero ahí está y no es cualquier cosa. El liderazgo de Don Felipe, forjado en la autoexigencia, y a través de escuchar mucho, pulsar aquí y allá y tragarse sapos, carros y carretas, está fuera de duda.
Este Rey ha logrado que millones de nosotros demos la cara por nuestra patria y la defendamos serenamente frente a simplismos populistas y algaradas callejeras. Este Rey posee el don de la concordia. Sin Él, el caos estaría asegurado. Es Don Felipe, con su permanente relato constructivo y hasta con su sonrisa, el que da siempre un respiro en los peores momentos.
No es sólo la opinión de un gacetillero, sino de quien cree lo que sucede. Como León Felipe, «yo sé pocas cosas, es verdad, cuento tan sólo lo que veo». Y lo que veo, amable lector es que, salvo algunos sectores irrecuperables del independentismo, los españoles, incluidos no pocos nacionalistas, quieren y respetan a su Rey y reconocen en privado su utilidad, preparación y valía. Don Felipe y Doña Letizia, no tienen otra obsesión que la felicidad de los españoles. Esta es la verdad; la que se palpa en la calle. El resto es paisaje. No es sólo que el Rey haga lo que tenga que hacer. Eso, por sí sólo, no basta para ganarse el querer de los españoles.
Es necesario mostrar, frente a gafes, agoreros y cenizos, esa España que vive y sueña y está entre las mejores naciones del mundo. Esto, nuestro Rey, lo borda dentro y fuera. Hasta esa sonrisa suya, es expresión del entusiasmo y la alegría de vivir de la inmensa mayoría. ¡Tenemos tantas posibilidades! Por eso es fantástico que Don Felipe aproveche cualquier ocasión para convocar al optimismo, sin dejar de reconocer, por ello, algunas adversidades que a todos nos inquietan. Al primero a él.



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