ZARANDAJAS

Pablo Álvarez

Periodista


Las marías

06/09/2020

Marías: dícese de las asignaturas lectivas consideradas de poca importancia que si las suspendías o bajabas la media, el rapapolvo en casa era menor o inexistente. Ejemplos: plástica (música incluida), educación física y religión. Opuestas a las ‘hueso’: las asignaturas de verdad de la buena, las que supuestamente harían de ti un hombre o mujer de provecho. Un cate ahí suponía pasarte el verano a la sombra, sí o sí. Ejemplos: lengua, matemáticas, sociales y naturales (desconozco su traducción postEGB).
Esta burda y simplona clasificación de materias escolares mantiene hoy día su vigencia en la vida real, al menos, para la Junta de Castilla y León. El vicepresidente y portavoz Francisco Igea y la consejera de Sanidad, Verónica Casado, consideran la cultura, los espectáculos, la hostelería, el deporte y las misas como marías: cuestiones menores vinculadas exclusivamente con ocio y fiesta: los bufones que entretienen y divierten a la Corte. Unos mindundis, en definitiva, a los que no reconoce ni la consideración de trabajadores, porque en ningún momento se les trata como tales, y no se piensa en ellos como en personas de las que dependen familias y que tienen la mala costumbre de comer tres veces al día.
El debate no está en si fiestas sí o no. El Ayuntamiento renunció a las fiestas el 7 de agosto. La cuestión es el criterio por el que se limitan unas actividades, con el consiguiente impacto sobre las economías de quienes las desarrollan, y otras se mantienen, con los mismos riesgos o mayores. Evito comparaciones, pero cada uno tendrá ejemplos en su mente. Como rezaba el cartel de una manifestación de la gente de la cultura del miércoles en la Plaza Mayor: «Cerrar la cultura para evitar contagios es como recetar quimioterapia para el estreñimiento». Una comparación médica, que puedan entender Igea y Casado.
Los autores intelectuales de estas medidas deben pensar que cuando alguien va a una exposición o a un concierto se dedica a restregarse con el resto del público y a chupar las vallas que acotan los aforos. Nada más lejos de la realidad. A lo largo de este verano, he podido asistir a cerca de un centenar de actividades culturales en Valladolid y en pocos sitios he visto más escrupuloso cuidado con todas las medidas de seguridad e higiene por parte de la organización, y mayor respecto por parte de los espectadores.
Decisiones como las aprobadas por la Junta de Castilla y León dan muestra de la improvisación y la arbitrariedad con la que se toman; denotan la falta de un plan y explican que estemos donde estamos, al tiempo que evidencian la falta de consideración hacia unos sectores cuya protección también figura en la Constitución. Lean el artículo 44, por favor.