PLAZA MAYOR

Maite Rodríguez Iglesias

Periodista


Hooligans de fútbol y política. ¡Así nos va!

14/11/2020

La política no es un juego, pero una gran parte la vive como si se tratara del partido del siglo. Por eso no resulta muy complejo detectar similitudes en el comportamiento de los hooligans de los equipos de fútbol y los seguidores, no solo los afiliados, de los partidos políticos, ya sea en España o en Estados Unidos. ¡Y así nos va!
El grado de crispación social y la tensión entre las formaciones, que muchos se encargan de atizar sin valorar que no habrá efectivos suficientes para apagar el incendio, se mantiene por la visceralidad del debate político. No se recurre a argumentos racionales. El mensaje se basa en defender los colores de un partido y atacar al contrario. Se trata de que los ciudadanos no cuestionen los argumentarios que se ofrecen ante el incumplimiento de los compromisos porque de hacerlo se les señala y se les califica de radicales o antipatrióticos. Hemos llegado a un nivel tal, que solo falta escuchar la excusa de la políticas es así. Un recurso manido, pero que no falla porque semana tras semana lo usan los entrenadores y jugadores para analizar el resultado de un partido, afrontar las preguntas incómodas o para justificar muchas derrotas. Y, por desgracia, no dista mucho de los discursos de manual que escuchamos en el Congreso, las Cortes o el Ayuntamiento, donde los políticos leen un texto, que muchas veces no se molestan en variar aunque sea una replica a un cuestionamiento de otra formación. La política es así, les falta decir.
El culmen del surrealismo se produce cuando se encuentran política y fútbol. Un encuentro real, obligado por la tramitación de algún proyecto, como sucede ahora con la Ciudad Deportiva del Real Valladolid. Un proyecto que se califica de ciudad y que si alguien osa cuestionar es porque no siente los colores del equipo, ni de su ciudad. Esperemos que no acabe como el fallido del Valladolid Arena, que iba a ser transcendental para el desarrollo de la capital, pero que finalmente los tribunales finiquitaron porque precisamente no tenía en cuenta esos intereses y vulneraba la legalidad vigente. De momento, aquí no se ha llegado a ese extremo porque después de anuncios fallidos y meses de tramitación administrativa todo se puede ir al traste por la «porosidad» de los suelos que el Ayuntamiento iba a ceder al club para desarrollar su proyecto. El fútbol es así, pero la política no puede imitarlo.



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