DE SIETE EN SIETE

Rafael Monje

Periodista


Políticos en la luna

17/06/2020

Ahora que ya se han cumplido tres meses del estado de alarma y afloran nuestros sentimientos y deseos más profundos, les confieso que, al igual que le sucede al ministro de Ciencia e Innovación, también me gustaría estar en estos momentos en el espacio y contemplar desde ahí arriba lo que hacen (o deshacen) los humanos. Vamos, que es mejor estar en la luna que viendo pasar el tiempo por una ventana. Total, para lo que hay que ver, mejor me sumo al plan de Pedro Duque y allá se las componga cada uno como pueda. Además, siendo sinceros, no creo que a mí nadie me vaya a reprochar ese anhelo, aunque ahora sea cuando más que nunca haya que tener los pies en la tierra.

Desconozco si esa es una simple ocurrencia del ministro en una entrevista dominical elevada a categoría de titular, pero llama la atención que quienes deben tener la cabeza fría y los pies bien sujetos a la tierra deseen gravitar por el firmamento en medio de un contexto social y económico como el actual. Y no es complicado identificar a otros altos cargos del Ejecutivo que, estos sí, ya andan sueltos por esos ignotos mundos galácticos sin que, al parecer, nadie les eche de menos. Basta con poner de ejemplo a los ministros de Universidades y de Cultura, más proclives al análisis de las estrellas que al estudio de la realidad terrestre.

En poco tiempo, nos hemos habituado a vivir sin saber lo que va a pasar el día de mañana. Tanto es así que, quizá, lo inteligente sea precisamente seguir en la inopia hasta que todo esto escampe y continuar con la dichosa ignorancia y la tonta felicidad que suelen evocar los rostros de quienes optan por la indolencia. Al y fin y al cabo, estamos demasiado acostumbrados también a que la dirigencia política premie a los perezosos e incapaces, apartando a los más osados y valiosos.

Sólo así se puede entender que aún no hayan dado un paso al lado y hayan puesto rumbo hacia la luna.



Las más vistas

Opinión

Vacaciones confinados

La sociedad tiene suficiente información, pero muchos siguen jugando al teléfono escacharrado y prefieren culpar al mensajero