LA RAYUELA

Óscar del Hoyo

Periodista. Director de Servicios de Prensa Comunes (SPC) y Revista Osaca


Vulnerables

11/04/2021

La vida le golpeó casi sin avisar. Las primeras señales de desconcierto pronto se convirtieron en síntomas evidentes de una enfermedad que, igual que una piedra cuando se lanza al agua de un estanque, provoca una serie de ondas que acaban por afectar a todo lo que le rodea. La mujer de Manuel padece alzheimer desde hace unos años, pero él se niega a internarla en una residencia. A pesar de la insistencia de sus familiares, tiene muy claro que, mientras él pueda, vivirá con la ayuda diaria de una cuidadora en el que ha sido su hogar durante décadas. Las imágenes de algunos casos aislados que ha visto por televisión, como el trato vejatorio que se daba a las internas en un geriátrico de Barcelona y el deseo de su esposa de no terminar así sus días, que le hizo saber en más de una ocasión antes de que la patología secuestrara su raciocinio, son dos poderosas razones para continuar luchando.

Él, a sus 79 años, vive por y para Pilar. Su abnegación es infinita. Aunque las noches son una auténtica lotería, muchas llenas de sobresaltos e incluso caídas, cada día se levanta a las siete de la mañana para que, antes de que llegue la asistenta, el desayuno esté preparado. Ducha, control de azúcar y a vestirla. La ternura marca cada gesto, cada palabra, cada caricia, mientras las hojas del calendario van cayendo al mismo ritmo que la resignación y la impotencia.

Las restricciones provocadas por la pandemia clausuraron los centros de día, pero, una vez que a trabajadores y enfermos les administraron la vacuna, han abierto de nuevo sus puertas. Es su válvula de escape, un momento de desahogo que suele disfrutar hojeando el periódico con un vaso de clarete que le ayuda a sobrellevar sus penas, aunque su mujer, de una u otra forma, esté presente en sus pensamientos.

Los médicos le advirtieron hace meses que la situación de Pilar era irreversible. Lleva años sin reconocer a nadie. Las frases inconexas y algunos recuerdos entremezclados dieron paso al silencio y a los desvaríos, pero Manuel se aferra a ese pequeño hilo de consciencia que él percibe que aún existe, que es real y que puede sentir en contadas ocasiones, como la noche en la que, tras dedicarle como hace siempre unas palabras cargadas de cariño, una lágrima resbaló por la mejilla de su esposa.

La preocupación ahora es mayor. Al estado de salud de su mujer se ha unido la inquietud que le genera no haber sido vacunado a estas alturas contra el coronavirus pese a que tiene a su cargo a una persona dependiente. La población con una edad comprendida entre los 70 y los 79 años es la que registra los índices más bajos de inoculación en estos momentos -sólo un 4,3 por ciento había recibido alguna dosis- por debajo incluso de la franja de edad que abarca de los 18 a los 24.

La campaña de vacunación en España va más lenta de lo que se esperaba en un principio. Los problemas de distribución de las farmacéuticas, el parón sufrido por las dudas generadas en torno a AstraZeneca por los efectos secundarios de los trombos y la estrategia establecida por el Ministerio de Sanidad para inocular con diferentes tipos de profilaxis a determinados colectivos dependiendo de la marca han provocado que este segmento de la población se convierta en el gran damnificado.

El Gobierno anunciaba esta misma semana que sus cálculos son que para el 3 de mayo, víspera de los comicios en la Comunidad de Madrid, haya cinco millones de ciudadanos vacunados con pauta completa y que en la primera semana de junio la cifra alcance a los 10 millones, con lo que en un sólo mes se duplicaría el número de personas inmunizadas. Sin embargo, la realidad, tozuda en ocasiones, es que a lo largo del primer trimestre de la campaña ni siquiera tres millones de españoles han recibido las dosis pertinentes para estar protegidos ante el virus. La cautela vuelve a ser más necesaria que nunca.

La previsión inicial era que el 70 por ciento de la población estuviera vacunada en julio, pero alcanzar la ansiada inmunidad de rebaño se postergará como mínimo a finales de agosto, como consecuencia de los retrasos de algunas de las farmacéuticas, que han incumplido reiteradamente con los plazos de las entregas. La irrupción, como advierte algún experto, de una cuarta ola que podría provocar otro medio millón de contagios en los dos próximos meses genera inquietud entre una población que sufre de fatiga pandémica, pero la esperanza se refuerza con la llegada de la cuarta profilaxis, la de Janssen, que además se administra en una única dosis.

Manuel acuesta con mimo a su mujer. Acaricia su cabello, le besa las manos y espera a su lado a que se duerma. Continúa sin tener constancia de cuándo le llegará el turno para vacunarse y vive con miedo a ser contagiado por su propia esposa, que ha vuelto a acudir al centro de día. Todo llegará, pero aquellos que toman las decisiones han de tener en cuenta que las personas de esa edad, en situaciones tan comprometidas y vulnerables, deberían estar protegidas frente al virus y ante un sentimiento de indefensión y soledad que también enferma.



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