Punto cardinal

Imelda Rodríguez

Rectora de la UEMC. Especialista en Comunicación Política


Coherencia

Una cuestión de salud. Así considero a la coherencia. Actuar en consecuencia con nuestras ideas no es sólo un acto de libertad y sentido común. Créanme, tengo la convicción de que activa nuestras hormonas de la felicidad y protege el sistema inmunológico. La coherencia propulsa la fuerza moral y nos empuja a caminar en la dirección correcta. ¡Casi nada! Porque las palabras que pronunciamos pueden conquistar temporalmente, pero son nuestras acciones las que nos ganan o pierden para siempre. Es la coherencia, además, el eje vertebral de una imagen pública verdadera. No existe un valor más poderoso para otorgar una credibilidad resistente a un sujeto. Es el valor matriz para generar una proyección profesional de impacto (así se lo explico a mis alumnos de máster, futuros asesores políticos). Desde luego, no he visto a nadie todavía morir de coherencia.Cuando escucho a los grandes recordarlo, me inflo de satisfacción. Hace unos días, justamente, hablando con Juan Carlos Cubeiro (uno de los mayores expertos de España en liderazgo), me ayudó a reafirmarme en la absoluta prioridad que, defiendo, tiene en el ámbito educativo una mayor integración estratégica de los valores primordiales. De hecho, considero que el éxito de nuestros titulados lo determina, precisamente, la adquisición global de una destreza emocional rotunda. Su éxito lo deciden valores como la integridad, el sentido activo de la lealtad y la valentía (que les capacitará para convertir los problemas en oportunidades). Eso espera la sociedad de sus mujeres y hombres líderes. Por lo tanto, necesitan empaparse permanentemente de estas nuevas aptitudes de vanguardia para poder impactar positivamente en el mundo.Hoy más que nunca, necesitamos este perfil de especialistas: los de la coherencia. Los que están dispuestos a construir, repletos de ideales, de sentido del bien general, enganchados a la justicia, que supongan un auténtico efecto multiplicador para nuestra economía y para nuestra sociedad. Las mujeres y hombres de coherencia serán los responsables de impulsar el progreso que merece nuestro entorno. Talento y humanidad: esta es la combinación realmente útil. Porque solo un profesional calado de valores podrá mover el progreso en la dirección adecuada.Por eso nuestro sistema educativo debe apuntalar, con suma urgencia y precisión, el desarrollo de la inteligencia del éxito de nuestros niños y jóvenes para que su identidad profesional, construida sobre su pensamiento tecnológico y humanístico (decisivos para abordar los retos del futuro), multiplique todas sus capacidades. En esta era, son los profesionales de los valores los que deciden. Así que conviene acentuar el desarrollo, ya desde la Educación Infantil, de un proceso pedagógico donde actitudes como la honestidad, la gestión de la frustración o la compasión ejerzan como guías de aprendizaje permanente. Se trata de que nuestros titulados sean capaces de generar confianza (porque eso se nos demanda a los responsables educativos desde los entornos empresariales). Y para generar confianza necesitan ser coherentes. Coherentes para detener el miedo que, a veces, nos paraliza. Coherentes para transformar.Fíjense, ayer por la tarde, mientras ayudaba a mi hijo Rodrigo a recoger sus juguetes, su inocencia me hizo reflexionar: «Mamá, no coloques el dragón en ese cajón», me decía con asombro. «¿Por qué?», le pregunté. «Porque el dragón va en el cajón de los malos», me dijo con la contundencia de un niño de seis años. En ese instante, me hizo recordar un pensamiento de Chesterton muy inspirador: «Los cuentos de hadas superan la realidad, no porque nos digan que los dragones existen, sino porque nos dicen que pueden ser vencidos». Así actúa la fuerza imparable de la coherencia.