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Imelda Rodríguez

Punto cardinal

Imelda Rodríguez

Especialista en Educación, Comunicación Política y Liderazgo


Ni en lo grande ni en lo pequeño

26/03/2022

Un mes ha pasado desde la invasión de Putin a Ucrania y el presidente Zelensky nos pide que salgamos a las calles con banderas de su país reclamando la justicia que les pertenece. No deja de asombrarnos cómo utiliza su inesperado liderazgo a favor de la álgida gestión de una crisis de tal magnitud. Está consiguiendo con su inédita comunicación política argumentar la libertad que defiende y fidelizar el apoyo de grandes potencias mundiales gracias a su eficacia y perspectiva en la toma de decisiones. Hoy Zelensky es un gobernante influyente porque condiciona positivamente el pensamiento social mundial. Algo impresionante, desde luego. Como lo es que un político se convierta en faro global, en esta época de severa desconfianza hacia una clase política que necesita más consistencia en la anticipación y en la reacción -esté en el gobierno o en la oposición- ante los problemas que atosigan a los colectivos, como vemos día tras día. Volodímir Zelensky podía haber hecho muchas cosas con su valentía, incluso sacarla a relucir en las primeras semanas del conflicto y, después, proteger su vida en un búnker, desde el que también podía resolver. Pero ha preferido que su ejemplaridad sea la gran fuerza de todo el país. Y lo está consiguiendo. Es el ímpetu de la perseverancia, uno de los valores más decisivos para esa notoriedad tan perseguida por partidos políticos, empresas o instituciones. Sin perseverancia no se abre la espita del éxito duradero jamás. 
Si tuviésemos la oportunidad de escoger al dirigente ideal, casi todas esas cualidades conducirían al coraje. Desde esta firmeza sucede la conquista de los propósitos sociales. El coraje no recela de la bondad, por eso se aparta de la mediocridad. Y desde aquí se olfatea bien la categoría y la capacidad de cualquier organización o figura que se dedica a algo tan sagrado como es el servicio público. Desde este arrojo brota la autenticidad, que ya saben ustedes que es el bastión que más anhelamos en este ciclo post pandemia. Y lo deseamos mucho. La rapidez con la que se suceden los acontecimientos en nuestro mundo no hace más que recordárnoslo. Fíjense, Angela Duckworth, una académica de la Universidad de Pensilvania, lo denomina 'grit', un nuevo concepto de la psicología moderna que sostiene que la tenacidad asegura la calidad de liderazgo. Nos recuerda que son la pasión y la perseverancia los rasgos sobre los que se construye el triunfo, a los que se debe sumar necesariamente la humildad, la inteligencia general y la hidalguía. Entiende la pasión como el talento de ser consistentes en la dirección que seguimos y la perseverancia como el compromiso y el esfuerzo para obtener los logros sin dejar de mirar a los lados, es decir, contribuyendo activamente a aliviar el peso de los que sufren. Las personalidades más trascendentales tienen este 'grit'. Y así será siempre. Porque no son vendedores de esperanza (como insinuaba Napoleón que debía hacer quien quisiera portar unos cuantos galones), sino hacedores de esperanza. Estos son los líderes que merecen la pena, los que resistirán por su credibilidad. Así se comporta Zelensky y todos aquellos que no toleran ninguna agresión a la dignidad social. Ni grande, ni pequeña. 
El presidente ucraniano, que ya lleva semanas agitando esta bandera de la nobleza y el arrojo, ahora nos reclama a nosotros que lo hagamos. Esta es la verdadera compasión, la que produce frutos, la que se arriesga por la felicidad de los demás. Porque no hemos nacido solo para nuestras vidas. Así que permitámonos creer en ese optimismo que asegura que, al final, todo se coloca en su lugar. Y que los villanos sucumben y los héroes son aclamados. En lo grande y en lo pequeño. Es una suerte que la historia nos demuestre que la autenticidad es imperecedera. Zelensky es un mensaje de la humanidad a las mujeres y hombres de este siglo para que frenemos el miedo y el hastío, esas sensaciones que muestran los centenares de transportistas españoles que dudan si las negociaciones llegarán a buen puerto. Cuando un gremio sufre, cuando las personas están incómodas ante sus gobiernos, es tiempo de evaluar la perseverancia de los que toman decisiones a nuestro alrededor. Hagámoslo. De esto sabía bastante el estadista Winston Churchill. Y así nos lo dejó escrito: «Nunca se rindan, nunca cedan, nunca, nunca, nunca, en nada grande o pequeño». En nada, nunca.