Maite Rodríguez Iglesias

PLAZA MAYOR

Maite Rodríguez Iglesias

Periodista


El ruido que no nos deja ver

06/06/2021

Lo nuestro no tiene solución. Nos hemos enfrentado a una pandemia desconocida, que nos ha hecho vivir situaciones inéditas, propias de distopías, con un coste en vidas humanas tremendo, y cuando hay signos de que la situación sanitaria está mejorando, se descontrola el nivel de crispación social y política. Es algo que se nota día a día, quizás más ahora que recuperamos el contacto social tan limitado en los últimos meses. Pero muchos de esos reencuentros, lejos de vivirse con emotividad, celebrando la vida y la amistad, derivan en confrontaciones por los diferentes puntos de vista sobre la situación del país, por las restricciones sanitarias o por las políticas de movilidad en Valladolid. El tema no importa. El debate, que sería sano y saludable si de verdad se pusieran argumentos en juego, está abocado al fracaso. Las conversaciones entre amigos, compañeros de trabajo o familiares se han infectado de la tónica general de crispacón de los debates mediáticos y políticos, donde el griterío y el eslogan fácil se imponen al razonamiento y la lógica. Y eso genera tanto ruido, tanta contaminación ideológica, que ya no vemos el camino que de verdad queremos tomar, y seguimos cegados al rebaño.
«No es solo una cuestión de respeto moral al adversario, sino de inteligencia política. Hay más inteligencia en la escucha respetuosa de las opiniones más peregrinas que en las líneas rojas y los cordones sanitarios», apunta el filósofo Daniel Inneraty. Esta advertencia de los efectos tan negativos de la polarización política, que implica también una importante cortedad de miras, se puede trasladar a las relaciones sociales. Aunque eso no exonera a los políticos de no utilizar su discurso y sus altavoces mediáticos para confrontar a las personas y no las ideas.
El atronador ruido social, y muchas veces el caos, que se está generando con cuestiones como las distintas velocidades y las decisiones adoptadas en la desescalada de la covid, según la comunidad autónoma, no solo confunde y enfada a los ciudadanos sino que se convierte en una invitación para muchos para no cumplirlas. Y eso conlleva una confrontación directa con aquellos que sí cumplen. Basta sentarse un rato en un terraza para comprobar cómo se repiten las enfrentamientos porque más de uno  no respeta la prohibición de fumar o se olvida de subirse la mascarilla. Mucho ruido y poco respeto.