TITULARES DEL FUTURO

Belén Viloria


El azul y el verde, dos mundos separados

La COP de mayor esperanza, la que más conocimiento e información ha generado en la sociedad, y la más larga de la historia; 12 días más 2 extra, por falta de acuerdo, sin embargo, ha evidenciado la gran desconexión y separación entre los países más contaminantes y la comunidad global que exige cambios, a pesar de haber sido la oportunidad de dar un paso firme respecto al cambio climático al tener un punto de partida diferente a todas las anteriores; la movilización de los científicos y la de una gran parte de la sociedad.
La gran zona ‘azul’, exclusiva de Naciones Unidas, donde se han desarrollado las negociaciones, así como las sesiones plenarias, en las que se han trabajado, debatido y decidido todos los acuerdos y sus textos, se completaba con una continua agenda de eventos paralelos temáticos, más los innumerables mini encuentros en los stands de los países o de algunas organizaciones especiales por los que al mismo tiempo, han pasado multitud de empresarios y políticos, algunos científicos y algún que otro famoso.
Esta es la verdadera COP25, que he tenido la gran oportunidad y el privilegio de vivir desde dentro. Acreditada por Naciones Unidas, al ser parte de la Delegación de la Federación Internacional de las Sociedades de la Cruz Roja y Media Luna Roja, como observadores en las negociaciones, con la misión de poner foco en la defensa de las personas más vulnerables - que en el 2030, sumará a otros 120 millones de personas más bajo el umbral de pobreza-, la necesidad de trabajar en la pre-alerta con las comunidades y por último, el impulso de un fondo económico que permita una respuesta más rápida e inmediata en catástrofes.
La llamada zona ‘verde’, creada por el Gobierno español para la sociedad civil, con una meritoria vocación de compartir, informar y movilizar era una zona adicional a la COP, con el sueño y deseo de aunar los espíritus de las dos zonas, que por desgracia no ha resultado así. Mientras en la zona verde se visibilizaban acciones, actividades y deseos de la sociedad civil, en la otra, la azul, se negociaba totalmente al margen y ajenos al resto, como demuestra el resultado.
El viernes muchos daban por concluida la COP y con cierto éxito, mientras otros notábamos el peso de la realidad que llevó a una última noche de negociaciones, la del sábado, llegando al domingo a las 9.30am cuando por fin dio comienzo la que fue la revisión final y en la que se vivieron momentos realmente tensos, como el de Brasil diciendo no, una vez más, a la inclusión de los océanos dentro del cambio climático. 
Dos horas después se llegó a un consenso final de mínimos que contempla pequeños avances como el plan de acción de género o la incorporación de los océanos. Sin embargo, no se consiguió lo más ambicioso, articular un mercado de carbono internacional, ni la financiación para pérdidas y daños en los países más vulnerables.
A pesar de que por primera vez se unieron a la COP, 51 ministros de finanzas, más otros sectoriales de agricultura, ciencia, transporte y energía, que la ciencia se incorporó como parte de la solución, y que se duplicó el número de países comprometidos con la neutralidad de carbono, de 65 a 121, no es suficiente. 
La ciudadanía está pidiendo más y se ha evidenciado que los dos mundos, el político y el ciudadano, siguen separados, a excepción del alguna pequeña grieta que creo que sí se ha logrado, gracias al mayor conocimiento e información, aún así el posicionamiento de países como EEUU, Brasil, India, China o Rusia no compensa la suma de los demás. El #TiempodeActuar deseado, parece que se postpone.



Las más vistas

Opinión

Jugando a los aeropuertos

Los 249.216 viajeros de Villanubla son más del doble de todo lo que suman los otros tres. Castilla y León necesita una apuesta firme por un aeropuerto y no diversificar esfuerzos. Villanubla apenas sobrevive y los otros están en la miseria