PLAZA MAYOR

Alfonso González Mozo

Periodista


El optimista

24/04/2021

Rafael está contento. No le han subido el sueldo ni le ha tocado el Euromillón, pero está contento. Tampoco se coge vacaciones la próxima semana ni su equipo se ha librado del descenso todavía. Pero está contento. El optimismo se ha adueñado de él y empieza a ver la vida casi de color de rosa, aunque lleve meses sin pisar un restaurante, solo quede con su familia para pasear por la calle y esté harto de tener que convivir con unas gafas empañadas.
Él es uno de esos ciudadanos cumplidores que, en el convencimiento de que es lo que toca, lleva año y pico acatando por igual tanto las recomendaciones sanitarias como las normas ‘anti-covid’. Sin sentirse obligado por las multas que conllevaría saltarse alguna norma. Sin plantearse nada que vaya más allá del día siguiente o la próxima semana. «No se pueden hacer planes. Ya ves, quién nos iba a decir que íbamos a estar así hace un par de años...», teoriza el bueno de Rafa.
Dice que ha soportado bastante bien todos estos meses de pandemia, que quizá flaqueó en Navidad por ver que la gente mantenía sus hábitos de brindis y abrazo mientras que él se afanaba con las restricciones, sin catar a la familia. Quizá por ello, en enero, durante la eclosión de la tercera ola, sí estuvo bastante pesimista: el covid-19 no parecía tener fin y su paciencia (o su resiliencia, que luce más la palabrita de moda) empezaba a agotarse.
Hasta ahora. El otro día leía entusiasmado que en Israel, con un 60% de la población vacunada, apenas tienen contagios y hasta se pueden quitar la mascarilla por la calle. A Rafa se le hace la boca agua solo de pensar en no tener que embozarse cada vez que salga a la calle, se sonríe al imaginar en volver a ir a un restaurante con su familia, se descojona elucubrando con el próximo vermú torero sin mascarillas ni distancias; con risas, sin prisas y abrazos de exaltada amistad.
Rafael es optimista. Ya ve la luz al final del túnel, pero se repite a sí mismo que hay que aguantar. La vacunación va viento en popa en Valladolid y quizá en un par de meses todo se parezca bastante a la normalidad de antes del coronavirus. Pero todavía queda y Rafa es tan optimista como paciente. Y dice que no es momento de desmadres ni de creerse que esta pesadilla ya ha pasado, que queda tan poco, que sería ridículo estropearlo ahora, tras año y pico regateando al ‘bicho’.