PLAZA MAYOR

Maite Rodríguez Iglesias

Periodista


Gerontofobia o imbecilidad

27/06/2020

Estas líneas podrían incluirse en la testigo directo porque están motivadas por una escena presenciada en una terraza. Un suceso surrealista, que algunos calificarán de anecdótico, pero que me indigna y preocupa por el individualismo extremo que denota, la falta de respeto al otro y la relajación total en el cumplimiento de las normas sanitarias de la ‘nueva normalidad’. Un comportamiento que no justifica el desconocimiento porque hay sobreinformación de cómo actuar, y la indiferencia o pasotismo afecta directamente a la salud de todos. 
En la terraza, ubicada en la Bajada de la Libertad, había suficiente espacio entre las mesas, pero un grupo de jóvenes decidió mover la suya para evitar el sol. Hasta ahí todo normal, salvo que  la situación sanitaria obliga a una distancia mínima entre mesas, pero también entre personas. Ysi no se puede cumplir se impone el uso de la mascarilla, obligatorio si no hay una separación de seguridad de metro y medio. Algo que, en este caso, no existía con la mesa contigua, donde había una persona mayor de 70 años, que sí llevaba mascarilla. Pero este sistema de protección genera una paradoja:protege al otro y no a quien la lleva. Algo que no debería ser un problema si se respeta la norma. Pero, en este caso, y en muchos más, hay quien se niega a ponérsela o separarse con el argumento de que al aire libre no pasa nada. Un error muy generalizado, que tiene una base científica tan sólida como pensar que sentarse en una terraza inmuniza. La secuencia certifica lo equivocado de los augurios que apuntaban que del confinamiento saldríamos mejores porque la situación se agravó cuando uno de los aludidos espetó : «pues el viejo a casita, que ya va siendo hora».
Una reacción irracional y despectiva, que no tuvo el rechazo social necesario, ni mereció la intervención de los dueños del establecimiento. Deberíamos reflexionar, y más después de lo vivido estos meses de pandemia y el efecto tan devastador que ha tenido en las personas mayores. La gerontofobia lastra nuestro avance social y no debiera darse en las que se consideran las generaciones mejor preparadas, que deben buena parte de ese privilegio a esos que algunos desprecian. La ‘vejez’ suele volverse un problema cuando los recursos materiales escasean, apunta el sociólogo Pablo Menéndez Gallo, que recuerda que se vuelve virtud cuando otras necesidades colectivas así lo requieren: votos, consumo, colchón familiar…