PLAZA MAYOR

Alfonso González Mozo

Periodista


Vuelven las trincheras

22/05/2020

La historia reconoce a Harry Houdini como el mejor ilusionista de todos los tiempos. Su habilidad encandilaba a los afortunados que disfrutaban de sus espectáculos durante los primeros años del siglo XX, convencidos de que el señor de la capa en verdad era capaz de hacer magia y no simples trucos. Hoy, cien años después, en plena pandemia, hemos asistido embelesados al brillante ejercicio de ilusionismo llevado a cabo por  buena parte de nuestra clase política que, durante un tiempo, fingió olvidarse de siglas y urnas para arrimar el hombro y ponerse juntos a contener el avance de esa enorme bola de nieve en que se ha ido convirtiendo el coronavirus; una que se ha encargado de aplastar sin compasión vidas, familias, estados de ánimo y hasta cuentas bancarias.
Durante dos meses, España ha sufrido unida sus devastadoras consecuencias y ha sido así por el ejemplo que daban unos políticos que parecían tener un cierto sentido de Estado. Ahora descubrimos que aquello era mentira, ilusionismo del siglo XXI, trucos baratos; de trileros. El tiempo ha ido desenmascarando a demasiados de estos magos de la palabra  que se han olvidado pronto de que la bola todavía sigue rodando, aunque lo haga más despacio, sí. Pero no es gracias a ellos, sino al abnegado trabajo de sanitarios y de los miembros de esos servicios esenciales de esta crisis que se han partido el alma cada día. También por el generoso sacrificio de una sociedad obediente, que hasta hace poco ha hecho todo lo que se le ha pedido sin rechistar.
Vuelven las trincheras. Y poco importa que estemos en los albores de una crisis que va a dejar en nada aquella de 2007, porque parece que han intuido que es el momento de sacar tajada del hartazgo de una sociedad que lleva dos meses metida en su casa y que empieza a tener ganas de enfadarse con Pedro Sánchez, con Mañueco, con Igea... con todo aquel que tenga algo que ver en todo esto.
Y esto no va de partidos. Todos debiesen trabajar por el bien común, sin trincheras en las que ganar acólitos, porque lo peor está aún por llegar y dudo que esto se reactive por arte de magia al pasar de fase, tomando una caña en una terraza, sino que habrá que ver cómo salen muchas empresas de esos ERTE. Quizá esos expedientes están ejerciendo de chalecos antibalas y cuando se quiten tocará contar las heridas y tratar de sobrevivir. Unidos de verdad.



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