DE SIETE EN SIETE

Rafael Monje

Periodista


Mentiras televisadas

Resulta casi inevitable abordar un día después lo acontecido en el debate electoral que enfrentó a los cinco candidatos principales a presidir el Gobierno de la nación tras los comicios del próximo domingo. Y así es por las consecuencias que puede acarrear un debate televisado, el único de una campaña más corta, y en el que, más allá de efectismos, ganadores o perdedores, se pueden colegir varias reflexiones. La primera es que la cuestión territorial acaba enfangando un cara a cara en el que la deriva del independentismo catalán supone una auténtica rémora para todos los candidatos. Todo lo eclipsa y, a poco que no hubieran intervenido los dos moderadores, habría consumido las dos horas y media de debate. Alguien debería recordar aquella frase de Manuel Fraga: “España es lo único que importa”, para reconducir futuros enfrentamientos dialécticos.

Pero mucho peor resulta, a tenor de lo escuchado en el debate, lo fácil que resulta mentir ante las cámaras y millones de ciudadanos. Todos lo hicieron de forma manifiesta y consciente, sin que por ello vayan a purgar penas, ni siquiera en las urnas. Muy triste cuando está en juego el bienestar social de la sociedad y el progreso de una país que requiere de políticos aguerridos pero, principalmente, sinceros.

Y aunque también es difícil afirmar quien de los cinco candidatos ganó, está claro que el tono moderado y las tablas en estas lides de Pablo Iglesias le dan una ventaja sobre otros. Lo que sucede es que, salvo a los más adeptos, el famoso chalé sobrevuela todo su discurso, por no hablar de ese estilo copiado al otro lado del charco de presidir un partido en pareja, a lo Kirchner.

Sin duda, el candidato de Vox, que dulcificó algunas de sus propuestas más explosivas, salió reforzado de un debate en el que Pedro Sánchez evitó el cuerpo a cuerpo a base de titulares de prensa, mientras Pablo Casado estuvo correcto, más solido que otras veces, aunque dudo que su participación televisiva le conceda más votos que los que vaticinan las encuestas. Mientras, a Albert Rivera puede que el adoquín que sostuvo en sus manos al inicio del debate acabe por caerle encima. Fue, sin duda, el candidato más hiperventilado y su agrio cruce con el resto de partidos de la derecha no acaba de convencer.

Eso sí, la mayor conclusión para nuestro lamento general es que el bloqueo parece haber llegado para quedarse. Y ojalá me equivoque.