Óscar Gálvez

Periodista. Director editorial Castilla y León Promecal


La otra batalla del 10-N

Los cuarteles generales del PSOE y PP en Castilla y León preparan las elecciones generales del 10 de noviembre con el propósito de repartirse el botín que, a tenor de las encuestas, Ciudadanos se va a dejar en las urnas. Vender la piel del oso antes de cazarlo es una práctica que a veces acaba en drama, pero en ambos equipos de campaña están muy convencidos de que los sondeos se ajustan al estado de opinión de la ciudadanía y ya están haciendo cuentas de cuántos podrían caer del lado socialista y cuántos del popular. Los naranjas asumen como irreversible, y sin el más mínimo atisbo de rebatir a las encuestas, que en el mejor de los casos pueden salvar el de Valladolid. Así que no es extraño que PSOE y PP lleven días haciendo sus cuentas con arreglo a los siete escaños que se le esfumarían a Albert Rivera –o a quien le releve en caso de hecatombe– por Castilla y León. El empeño de Pedro Sánchez y Pablo Casado en hacer gira intensa por nuestro territorio en las últimas semanas evidencia que aquí tienen escaños a ganar.
Hay en esta batalla, sin embargo, mucho fondo que hace de ese arriesgado reparto algo más que una simple elección de diputados al Congreso. Tanto PSOE como PP la afrontan sin perder de vista las interpretaciones en clave regional que empezarán a hacerse a media noche del 10-N. Para los populares, atrapar la mayor parte de esos escaños de Cs les podría convertir de nuevo en primera fuerza política de la región, tras haber perdido por primera vez en 32 años esa condición tanto en los comicios de abril como en los de mayo. Pero, sobre todo, estarían en condiciones de dar un vuelco al relato construido desde la izquierda, de deslegitimar el pacto de Gobierno con Ciudadanos para la Junta. Si los exvotantes naranjas optasen mayoritariamente por volver al PP se despejarían algunas dudas acerca de cuál pudo ser la voluntad de esos electores el 26 de mayo. En cualquier caso, no habría que olvidar que los ciudadanos han demostrado que diferencian entre el tipo de comicios y que muchas veces votan distinto partido en unas generales que unas autonómicas o municipales. Pero bien podría ser una señal.
Las opciones de que el PSOE sea más beneficiado que el PP en la redistribución de los escaños que pueda perder Ciudadanos son más bajas. Lo saben y a fuerza de insistir lo reconocen. La razón por la que esto será posiblemente así no viene tanto de que el trasvase de votos de Ciudadanos al PSOE pueda ser inferior al que se produzca hacia el PP o la abstención –también se cuenta con ello– sino por el efecto de los restos y de cómo los socialistas obtuvieron los últimos escaños en abril. Pero de haber un reparto más igualado y quedar de nuevo por delante de los populares, el relato del pacto de perdedores no solo se mantendría sino que se intensificaría. A partir de ahí solo quedaría por saber qué papel jugaría Ciudadanos los siguientes tres años y medio en Castilla y León, formando parte del Gobierno de la Junta pero tremendamente debilitado orgánicamente. Ah, y la duda de a quién dedicará el factótum de los naranjas Francisco Igea su primer tuit tras el escrutinio definitivo.