ENTRE HOY Y MAÑANA

Juan Manuel Pérez

Periodista


De los nervios

27/06/2020

Es lo que toca. Hace más de 30 años que no nos enfrentábamos en casa a algo parecido. Entonces se llamaba selectividad. Ahora en algunas comunidades autónomas se llama EBAU y en otras EVAU. Es la prueba de acceso a la universidad de toda la vida. La que aprueban casi el cien por cien de los que se presentan, pero la que echa por tierra los anhelos de muchos estudiantes que no consiguen la nota necesaria para cursar la carrera deseada. Los alumnos de Castilla y León llevan unos cuantos años denunciando las desigualdades del sistema. Ese que prima a los que menos capacidades obtienen en competencias educativas pero que son los primeros en elegir plaza en las facultades más demandadas. Es lo que tiene una fórmula con 17 exámenes diferentes. Uno por cada territorio. Hasta ahora sus demandas no han sido atendidas por los partidos políticos. Alguno de ellos lo llegó a considerar una pataleta sin sentido, una polémica estéril a la que no convenía prestar atención. Se llegó a constituir una comisión entre el Ministerio y los rectores. Pero no hace falta que les cuente lo que ocurre cuando se crea una comisión. El problema se eterniza en debates, estos sí estériles, que no conducen a nada. El caso es que nada se sabe de ella y de la misión por la que se creó: homogeneizar la prueba. Ya que somos incapaces de concebir un examen igual para todos, al menos que se encuentren criterios equitativos al proceder a la corrección. La semana que viene toca EBAU. Hay nervios por la trascendencia de la prueba. Hay malestar por la injusticia. Y hay una sensación de abandono por parte de una clase política que no aporta soluciones a desafíos tan urgentes como son todos aquellos que tienen que ver con la educación. Tampoco podíamos esperar otra cosa de dirigentes que improvisan siglas para nombrar leyes educativas que no duran más allá de una legislatura. Hasta que llega el siguiente con sus propios prejuicios ideológicos y académicos.