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Maite Rodríguez Iglesias

PLAZA MAYOR

Maite Rodríguez Iglesias

Periodista


Negacionistas

15/08/2021

La pandemia de la covid-19 ha multiplicado las teorías negacionistas. Unas tesis que por descabelladas que resulten no es descartable que puedan terminar imponiéndose en la sociedad. No sería la primera vez en la historia de la Humanidad que esto sucediera. Los ejemplos son conocidos por todos. Basta con nombrar a Bruno o a Galileo. La desinformación de unos y la conspiranoia de otros son virus de transmisión múltiple, pero muy difíciles de erradicar. Ya lo demostró Donald Trump y lo intentan otros alumnos aventajados en Europa.
Estamos en plenas vacaciones estivales, pero los abanderados del negacionismo no descansan. A pesar del impacto, mucho más negativo del previsto inicialmente, de la quinta ola del coronavirus, siguen manifestándose contra la  vacunación y los certificados covid.  Sus argumentos son muy poco sólidos, pero sus mensajes son muy simples y calan fácilmente entre gran parte de la sociedad. No dejan lugar al debate, al intercambio de ideas o conocimiento. Su libertad pasa por encima de la de los demás, a los que incluso consideran enemigos, y no toleran lo contrario. El filósofo Daniel Innenarity los define como gente que reivindica una idea del ejercicio de la propia libertad «como si no tuviera nada que ver con la de los demás». Y recalca que suelen ser personas que tienen una menor vulnerabilidad, por edad o condiciones económicas y que apelan a la libertad, pero realmente es un ejercicio de poder.
El mismo esquema se repite en los negacionistas del cambio climático. Esta semana hemos conocido el informe de la ONU que lanza una alerta roja sobre el incremento de la temperatura global en poco más de una década. Un documento que ratifica las advertencias que desde hace años lanzan los científicos sobre el futuro del planeta. Evidencias que los negacionistas han ridiculizado y menospreciado. Pero la realidad es testaruda y en los últimos meses se multiplican ejemplos de las terribles consecuencias de fenómenos meteorológicos adversos, que devastan el planeta y se cobran multitud de vidas humanas.
El ruido de estos grupos se multiplica en una sociedad instrumentalizada, donde la opinión global se maneja muchas veces a golpe de tuit. Y la única herramienta para frenarlo sigue siendo la misma que en la Edad Media: una buena educación y pensamiento crítico.