VERDADES ARRIESGADAS

Víctor Arribas

Periodista


El hospital

15/11/2020

Un destacado dirigente político que hoy se sienta en los escaños del grupo mayoritario del Congreso era líder regional de su partido hace casi 20 años. Cuando estalló un grave caso hospitalario, le dijo a su rival política que gobernaba en la autonomía: “Hagas lo que hagas te voy a machacar”. Si el gobierno regional actuaba en un sentido, tendría fuertes críticas del líder opositor. Si actuaba en el contrario, tendría igualmente feroces acusaciones. Y así ocurrió. Y pasaron los años, y la estrategia se convirtió en costumbre política.

Ahora nos quedamos en el presente, en la rabiosa actualidad, expresión que ni en sueños pensaría quien la inventó que llegara a hacerse tan real. Ante el riesgo de colapso en los hospitales públicos por la segunda oleada de esta pandemia del coronavirus, uno de los diecisiete gobiernos autonómicos de nuestro país pensó que sería acertado construir un nuevo hospital para atender la posible avalancha que podría producirse con la llegada del frío y un eventual aumento de contagios. Diseñó una operación relámpago reduciendo la burocracia administrativa y los procesos que ralentizarían el proyecto durante años, quizá décadas, y logró levantar el complejo para que en unas semanas estuviera a disposición de los enfermos y los profesionales sanitarios, descontando los lógicos retrasos y disfunciones.

De nada sirvió. “Hagas lo que hagas, te voy a machacar”. Una parte de la España política, mediática y social había condenado al nuevo hospital sólo por haber sido proyectado y ejecutado en una determinada comunidad autónoma. Y comenzaron las críticas, y los programas especiales, y las manifestaciones. Mientras todo eso ocurría, a orillas de uno de los ríos con pedigrí de nuestra península y a menos de cien kilómetros de nuestro desdichado sanatorio, la construcción de otro gran hospital se ha prolongado durante quince largos años, ha permanecido cerrado varios años más una vez terminado, y se va a inaugurar con doce meses de retraso, sin una sola crítica o denuncia sobre su caótica gestación.

Es una gestión política a la inversa de lo ocurrido esta semana con el IVA que se aplica a las mascarillas de protección. El gobierno decide mantenerlo en el 21 por ciento, recibe una avalancha de críticas y alega que Bruselas no permite su bajada, deja pasar los meses haciendo una suculenta caja fiscal a costa del bolsillo de los ciudadanos, y al cabo de un semestre se presenta ante la opinión pública como salvador de las clases populares haciendo lo que antes negaba y negando sus inexactitudes anteriores. Y además advierte de que vigilará que la rebaja sea efectiva y no se convierta en un mayor margen empresarial, acusando así a quienes las venden y las distribuyen. Hagas lo que hagas, estás pillado.