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Jesús Quijano

UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


Alcaldes

04/10/2021

Desde que en 1979 se celebraran las primeras elecciones municipales, la figura del alcalde se ha convertido en cada lugar en una referencia llena de significado. En el caso de las localidades pequeñas o medianas, tan abundantes en nuestra Región, el significado es aún más especial; la relación es más personal y el conocimiento es más intenso, lo que permite que el alcalde cumpla una función social llena de variedad. A él acuden los vecinos, no sólo para las cuestiones y demandas relacionadas con el funcionamiento de los servicios públicos, sino también para cualquier otra necesidad personal o familiar. Con facilidad se percibe en esos municipios de tamaño reducido que el alcalde de todo: de reparador de averías y de juez improvisado, de mediador de conflictos y de médico de urgencias, de agente de empleo y de gestor de negocios, de maestro de obras y de psicólogo atento, de confidente y de confesor. Y ocurre con frecuencia que el alcalde gana en prestigio, en apoyo y en afecto, más si cumple bien estas funciones, con cercanía y amabilidad, incluso que si hace una buena gestión, con eficacia y rigor, en lo que son sus estrictas competencias municipales.

Me han venido a la cabeza todas estas reflexiones con motivo del reciente fallecimiento de quien fue alcalde de mi pueblo de origen, Miguel Nozal, alcalde de Saldaña durante tres legislaturas, de 2003 a 2015, todas ellas encabezando la candidatura del PSOE. Un buen ejemplo de lo que he querido señalar. Los vecinos y paisanos que le conocíamos personalmente desde que era un niño sabíamos de la dolencia cardíaca que siempre le acompañó, lo que sin duda le exigía un esfuerzo añadido en la dedicación al Ayuntamiento. También esa debió ser la causa, absolutamente razonable, de que no optara a un cuarto mandato, que con alta probabilidad hubiera obtenido, porque había alcanzado un nivel muy elevado de reconocimiento y de estima entre los vecinos. Así quedó de manifiesto en la despedida, conscientes todos de que el mal que le aquejaba se había hecho ya irreversible. Nadie pronunció otra palabra que no fuera esa: un buen alcalde y una buena persona. Verdaderamente ejemplar. Cercano, amable, dedicado, eficaz. Dedicó los mejores años de su vida al servicio público y al interés colectivo de sus vecinos y merece homenaje y recuerdo, convertido ya en patrimonio común de su pueblo. Yo lo hago desde estas líneas, con la nostalgia de tantos momentos y afanes compartidos.

ARCHIVADO EN: PSOE, Empleo, Saldaña