UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


Las universidades de Cataluña

Una vez conocida la Sentencia del Tribunal Supremo sobre el denominado “procés catalán”, las diversas Universidades que operan allí emitieron manifiestos aprobados por diversos órganos de gobierno, incluidos los claustros que, como es bien conocido, constituyen los órganos más representativos de cada Universidad. En tales manifiestos, aprobados con evidente pasividad, complacencia o connivencia de las autoridades académicas se contenían pronunciamientos que se presentaban como posición unívoca de la respectiva Universidad; su contenido hacía referencia al derecho de autodeterminación, a la libertad de los condenados, considerados como presos políticos, a la condena de la represión y violencia policial, etc. Ningún matiz en otra dirección. Más aún, a esas iniciativas han seguido otras, tan o más llamativas, como la de suspender la actividad académica y prácticamente cerrar las Universidades para este curso, sin perjuicio de mantener una especie de evaluación final, casi un examen patriótico, supongo que para no perder el año; ninguna consideración para alumnos que desean seguir el curso académico con la normal continuidad de las funciones docente y discente que incumben a profesores y estudiantes.

La gravedad de tales circunstancias salta a la vista. Un nutrido grupo de 800 profesores universitarios, entre los que me encuentro, de toda España y también de otras Universidades, han emitido su opinión, recordando cosas evidentes: que no es lícito, ni correcto, usar de instituciones plurales, cuyas funciones están bien delimitadas, para sumarlas de  manera monolítica a una causa ideológica contraria a la legalidad constitucional; que tampoco lo es la pretensión de impedir o dificultar el desarrollo de su actividad, invocando razones parciales que conducen a lesionar gravemente los derechos de muchos de sus miembros.

Resulta verdaderamente inaudito que planteamientos de esa naturaleza se hayan defendido en un ámbito como el universitario, donde el rigor intelectual debe ser una norma de conducta indiscutible. Produce tanto sonrojo como lástima. Y no queda otra opción que la respuesta firme.