TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Asco

25/02/2021

Ni les diré el autor de la frase ni el equipo (fue un pacto que respetaré hasta el final) pero, literalmente, fue así: «Hemos dado asco. Todo el asco. Asco puto. Pero ésta -señalando con lógica euforia una copa recién ganada- es nuestra». Un partido nauseabundo que termina con el objetivo deseado, ¿es un mal partido?

El fútbol es de los pocos deportes que puede permitirse 'dar todo el asco' y, a pesar de todo, coronar a quien pretende darlo. Los marcadores son exiguos y hay tanto lugar para la sorpresa como para el aburrimiento. Y también para levantar pasiones 'asquerosas', claro, porque muchos, demasiados, festejan orgullosos el 0-1 en un partido de un tiro y medio a puerta, cincuenta faltas, cuarenta minutos de juego efectivo, diez tarjetas y mil pérdidas de tiempo en sus formatos variados (el 'cambio a deshora', el 'gemelo traicionero' a última hora, el 'colega, ¿dónde está mi balón?' al recogepelotas)…

Hemos asumido que llevar la racanería a la pizarra no sólo es algo lícito, sino un arma válida para contrarrestar un juego más ágil y dinámico, más poderoso, más ofensivo. Aunque hay dos 'peros' enormes. El primero, que es una táctica moral y estéticamente aceptable si eres claramente el 'pequeño' en la ecuación deportiva que plantea cada partido. El segundo, como hacía el colega del primer párrafo, que sólo vale cuando al final del ejercicio tocas 'chapa', o sea, cuando ganas. Si no lo consigues, es como quedarse desnudo ante el mundo cuando el fotógrafo aprieta el botón. ¡Miren al pajarito! Y el Atlético quedó en pelotas…

El plan de Simeone era el 0-0. ¿Cómo conseguirlo? Plantando una línea de ¡seis! zagueros y esperando que los dioses del fútbol, ahí arriba, desviaran alguna pelota hacia Joao Félix o hacia Suárez. Si sólo le valía el empate y perdió, el fracaso es el único análisis posible.



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