TITULARES DEL FUTURO

Belén Viloria


Responsabilidad como vacuna

Si algo va a matar a más de 10 millones de personas en las próximas décadas, probablemente será un virus muy infeccioso más que una guerra. No misiles, sino microbios. No estamos preparados para la próxima», Bill Gates en 2015 tras el ébola.
Mi intención era escribir sobre algo diferente a lo que ya copa todos los medios y conversaciones para no aumentar el estrés existente, pero he sucumbido totalmente porque no me quito de la cabeza lo que escuché a Bill Gates ese año, y a David Heymann, que lideró la respuesta de la OMS a la epidemia SARS del 2003, el síndrome respiratorio agudo grave (SRAS), la enfermedad respiratoria viral causada por un coronavirus asociado al SRAS, el SRAS-CoV, y que resta gravedad al COVID-19, hace unos días como el índice de letalidad del actual se estima en un 2% frente al que hubo con el del 2003 que fue del 10%.
Ambas visiones creo que ayudan mucho a poner en perspectiva la situación, a mantener la calma, a saber actuar frente a esta, y sobre todo a tener visión de futuro.
Para Gates, la epidemia del ébola supuso un verdadero reto para la humanidad, muy diferente al actual. En aquella murieron unas 10.000 personas, casi todas en 3 países de África Occidental y no se llegó a expandir principalmente; por el trabajo heroico de los trabajadores sanitarios, porque la gente transmisora era fácilmente localizable, porque su propagación no era el aire y porque no llegó a muchas áreas urbanas. 
En ese caso, el problema no fue que el sistema no funcionara bien, sino que en realidad no se tenía ningún sistema en esos países, y ya predecía que la próxima epidemia sería diferente y podría ser un virus con el que las personas transmisoras no se sintieran mal y pudieran viajar en avión o ir al mercado, con lo que nos enfrentaríamos a nuevos retos para los que de nuevo no estaríamos preparados si no intensificábamos la investigación y priorizábamos la salud ante otros temas.
Para David Heymann, el riesgo y preocupación hoy, no es el índice de mortalidad, sino la propagación porque en este caso aún no hay vacuna, está en desarrollo, y se estima que hasta dentro de un año no estará disponible para la mayor parte de la población.
Por tanto, el reto al que nos enfrentamos es nuevo y no sé si estamos preparados. Llega el momento de la responsabilidad de todos y cada uno de nosotros. La responsabilidad de autoprotegerse y proteger a los demás, y además confiar y ayudar a los sistemas sanitarios para que puedan funcionar correctamente.
Cuando mantenemos la distancia, cuando estornudamos en el hueco del codo, cuando nos lavamos las manos siguiendo las recomendaciones, cuando evitamos tocarnos ojos, nariz y cara, cuando sentimos síntomas y no acudimos al hospital sino que llamamos al número correspondiente y seguimos las indicaciones, y … sobre todo cada vez que además mantenemos la calma, estamos aplicando la mejor vacuna posible, la de la responsabilidad, ganando un tiempo precioso para que llegue la que lo combata definitivamente. 
Los virus nos ponen de nuevo a prueba, y no será la última, pero en esta ocasión de una nueva manera, tanto a nivel individual como de sociedad. A nivel individual de una manera menos contundente y más sutil y sencilla que en otras ocasiones, y como sociedad, además de la evidencia de la necesidad de poner más foco en la investigación y en la salud, para aprender a cuidarnos y protegernos unos a otros. ¡Menudo reto! En nuestras manos está.