COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Ejercicios de hipocresía

Europa importa lo justo. Algunas recriminaciones por el ninguneo francoalemán, otras por la interpretación que han hecho algunas justicias nacionales de la euroorden, una bajada de humos por el nombramiento de Josep Borrell, y todo a pesar de que España ha recuperado presencia entre las naciones europeas del que estuvo ausente durante los gobiernos de Mariano Rajoy. Con una vida parlamentaria anémica como consecuencia de la situación poselectoral y la falta de investidura de un presidente del Gobierno, un pleno del Congreso sobre lo tratado en los consejos de la UE era la oportunidad para hablar del futuro próximo, para repetir que ni quieren elecciones pero no hacer nada por evitarlas.   

El debate, seguido de una sesión de control al Gobierno con preguntas que ya habían sido respondidas en el trámite previo, ha sido lo que puede denominarse como un diálogo de sordos con argumentos archirrepetidos, con recriminaciones y admoniciones que santifican el bloqueo y que abocan a unas elecciones que aunque todos los partidos afirman no desear parece que son un destino inevitable. Entre el gobierno de coalición que propone Pablo Iglesias, y las distintas fórmulas de cooperación entre ambos partidos que excluyen que Unidas Podemos se siente en el Consejo de ministros no hay, por el momento, nada de nada que no suene a reparto de responsabilidades por el fracaso de las negociaciones. ¿Por qué no sirve ahora el ofrecimiento de un gobierno de coalición que se aceptó en julio?, se  pregunta Pablo Iglesias. ¿Por qué quieren ahora lo que no aceptaron antes de la primera investidura fallida de Pedro Sánchez?, responden los socialistas. Y entre estas preguntas y el empecinamiento en forzar a que sea la otra parte quien recule se camina hacia el abismo de las nuevas elecciones.

Porque esperar que el PP o Ciudadanos se abstengan, como les ha vuelto a reclamar Pedro Sánchez, es un esfuerzo inútil que conduce a la melancolía, a pesar de que si quieren resolver un grave problema, como saber con qué recursos pueden contar las comunidades autónomas para elaborar sus presupuestos, sería la forma de hacerlo. También al líder del PP, Pablo Casado se le ha notado una cierta falta de punch en el debate, producto de la misma anemia política, a la espera de una convocatoria de elecciones que a él y a su partido le vendrían muy bien para recuperar escaños y distanciar a Ciudadanos.

El líder de Ciudadanos, el “político ausente”, a juicio de Pedro Sánchez, que se ha negado a reunirse con el jefe del Ejecutivo a lo largo de estos meses para conocer de sus planes y tratar de la investidura, sí está dispuesto a encontrarse con Sánchez para una sola cosa, la aplicación preventiva del artículo 155 de la Constitución antes de que, tras la sentencia del procés’, los independentistas pongan en marcha sus proyectos de desobediencia civil, que por el momento no dejan de ser una amenaza y que suscita las dudas de Rivera de que el Gobierno vaya a actuar en defensa de la legalidad, pese a que Sánchez ha dicho que lo hará si se vulnera la Constitución o el Estatuto catalán.

Con guante blanco en ocasiones, con lenguaje bronco en otras, los líderes se han dicho las verdades del barquero. Lo que no han podido resolver es la duda acerca de si sus deseos de que no se convoquen otras elecciones generales son verdaderos, o unos más que otros están haciendo un ejercicio de hipocresía. 


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