Editorial

Propuestas y guante blanco en un debate histórico en Castilla y León

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Después de casi un cuarto de siglo, Castilla y  León volvió ayer a celebrar un debate público entre cuatro de los candidatos a presidir esta Comunidad a partir del 26 de mayo; una prueba de normalidad democrática que permite a los ciudadanos un mayor conocimiento de las propuestas de aquellos partidos que aspiran a gobernar los próximos cuatro años. No hubo demasiadas sorpresas en las dos horas que duró la fórmula elegida. Ninguno de los cuatro representantes se salió del guión ni puso a sus contrincantes en demasiados aprietos, pero sí tuvieron tiempo de desgranar sus diferentes propuestas y reflejar las contradicciones de los adversarios, algo inédito hasta ahora. La fórmula elegida, además -con alguna pregunta directa a los participantes- les obligó a fijar postura en algunos asuntos candentes. Así por ejemplo, PP y Cs se comprometieron a bajar los impuestos, eliminando el de sucesiones, mientras PSOE y Unidas Podemos apostaron por hacerlos más progresivos.
No fue, en definitiva, un debate con vencedores ni vencidos, pero sí con unos claros ganadores: los electores, que pudieron formarse una perfecta idea de las propuestas que hacen los cuatro partidos con mayor representación. Es cierto que en términos de pluralidad pudieron echarse en falta a algunas formaciones, pero cuando este tipo de confrontaciones se regulan a través de una ley pueden producirse este tipo de problemas. Al menos fue impecable en la realización de RTVCyL, con una presentadoras que favorecieron el intercambio de pareceres.
La primera vuelta de este debate a cuatro -el próximo martes volverán a verse las caras- abordó tres asuntos vitales para el futuro de esta tierra: despoblación y mundo rural, economía, empleo y fiscalidad y regeneración democrática. Y el resumen de las intervenciones podría resumirse en un ‘todos contra Mañueco’. Aunque este quiso presentarse como un «proyecto renovado del PP», el recuerdo de casi 30 años de Gobierno monocolor puso en bandeja la propuesta de cambio que enarbolaron tanto Tudanca (muy solvente, preguntando hasta tres veces al candidato popular donde se encontraba en el programa electoral su propuesta estrella de crear una consejería de Medio Rural), como Igea y Fernández.
Muy comedidos en las formas, los candidatos no abusaron de los golpes de efecto y apenas enseñaron diez documentos en todas sus intervenciones. Tampoco abonaron el campo a la crispación y solo al abordar los casos de corrupción que han salpicado a Castilla y León subieron un poco el tono. Por todo ello, quizá el debate de ayer no sirvió para que muchos cambiaran el sentido de su voto, pero sí para que los votantes sepan mejor qué defienden con él. Lo que siempre es positivo.


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