Carta del Director

Santiago González

Director de El Día de Valladolid


Reconocimiento a la industria agroalimentaria

21/02/2021

La grave crisis económica que arrastramos desde la llegada de la pandemia de la covid-19 está afectando profundamente a nuestro sistema productivo y en especial al empleo. El confinamiento domiciliario, decretado en marzo del año pasado, fue el inicio de un largo periodo de restricciones contra la movilidad que ha desplomado prácticamente todos los sectores de la actividad económica en España y aún no parece vislumbrarse cuándo puede volver a recuperarse un ritmo de crecimiento que nos lleve al PIB y a cifras de empleo anteriores a 2020. Sin embargo, la industria agroalimentaria ha sido uno de los pocos salvavidas que han podido mantenerse a flote durante el naufragio. Su rápida adaptación, la respuesta eficaz para atender la demanda de productos esenciales y su arraigo en la tierra le han servido como refuerzo para salir de esta crisis más fuertes, aunque ello no significa que no hayan sufrido durante este último año, especialmente las que estaban más ligadas al canal de la hostelería y el turismo.
La industria agroalimentaria tiene una vital importancia para Valladolid y en general para toda la Comunidad. Alrededor de 350 empresas vallisoletanas se encuentran dentro de este sector, íntimamente vinculado con el sector primario, y que en Castilla y León factura unos 10.000 millones de euros anuales. Aunque el impacto de la crisis generada por la pandemia ha costado un millar de empleos, aún ronda los 50.000 puestos de trabajo que genera en todo el territorio autonómico. Estas cifras dan una idea aproximada de la considerable actividad que genera la transformación de productos agrícolas y ganaderos en un entorno cercano al que se genera. Y lo mejor de todo este potencial es que aún hay mucho margen de mejora para los próximos años, según todos los especialistas, con una presencia internacional que va en aumento y que, incluso durante 2020, se incrementó un cinco por ciento. 
Esta es una apuesta segura. Un círculo virtuoso que hay que mantener y potenciar por el bien de todos. El sector primario es básico para el mantenimiento de nuestro medio rural y de sus pobladores, cada vez más escasos, y por ello la transformación de todo lo que genera tiene que llevarse a cabo en el entorno, lo que llevará a crear empleo en los pueblos, algo sin lo que nada tienen que hacer todas las medidas contra la despoblación que se puedan adoptar. Asimismo, esta industria agroalimentaria genera un valor añadido que se queda en casa y que durante muchos años se ha marchado a las fábricas instaladas en otras provincias o comunidades autónomas. Hay que potenciar esta cadena para que la calidad, la producción, la investigación y la industria vayan de la mano y consigan mantener el empleo y la actividad, de tal manera que no se nos conozca como el granero o la granja de Europa, sino la despensa de todos los europeos.
Y en esta labor tenemos que estar todos de la mano. La unión de fuerzas es fundamental para salir adelante, no sólo entre los propios empresarios sino también de las administraciones. Los fondos europeos suponen una oportunidad histórica que no se puede aplazar ni desperdiciar, por lo que es necesaria una responsabilidad para presentar proyector que puedan modernizar, digitalizar e impulsar a la industria y unas administraciones que hagan bien su trabajo, no solo para captar el mayor dinero posible de Bruselas sino para una gestión eficaz que pueda obtener un rendimiento económico y laboral. El eterno proyecto del parque agroalimentario podría ser un buen revulsivo para este sector si por fin consigue el impulso necesario con la inversión pública suficiente y el respaldo de los empresarios. 



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