PLAZA MAYOR

Alfonso González Mozo

Periodista


El secesionismo leonés

04/01/2020

Yo pensé que lo de la moción aprobada en el Ayuntamiento de León para pedir la autonomía de lo que llaman la Región Leonesa era solo una especie de inocentada, por aquello de que salió adelante con fecha 27 de diciembre. Igual allí lo celebran un día antes, que los leoneses son muy suyos, pensé.
Pero no. Va en serio y los tres partidos que han dado sus votos a la moción (esto es la Unión del Pueblo Leonés, PSOE y Podemos) quieren que el asunto de la segregación de León (y Salamanca y Zamora, aunque a ellos no les hayan preguntado) para formar una comunidad autónoma distinta de Castilla y León llegue tanto a Valladolid, sede de esas Cortes que tanto aborrecen, como a Madrid, al mismísimo Congreso de los Diputados.
Aún no queman contenedores ni tienen comandos violentos al estilo de los CDR de Cataluña, pero solo habrá que darles algo de tiempo, porque la deriva secesionista parece ir en serio, visto que eso de la independencia da votos; y los votos parece que cada vez más se transforman en euros y poder. Véase el ejemplo de ERC, otrora una formación casi residual y que ahora va a visar cada paso que dé Pedro Sánchez al frente del Estado español.
Dicen los promotores de la iniciativa de la independencia leonesa que su inclusión en esta Comunidad no tenía sentido y que son los grandes paganos, porque la represión del centralismo vallisoletano es tan brutal que ni se les permite acoger nuevas empresas ni un aeropuerto de mentirijilla sustendado a golpe de subvención; o quizás sí, ya no sé. Total, que el portavoz de UPL, Eduardo López Sendino, exponía el otro día que todo va de culo por culpa de la adhesión de la Región Leonesa a Castilla. Así, dijo que desde 1983 hasta 2019, León había perdido 130.000 habitantes, por los 32.000 que había ganado Valladolid, y que la tasa de paro (13%) era superior a la regional (11,4%).
UPL, en el fondo, no hacía otra cosa que tratar de arrimar el ascua del secesionismo a su sardina. Populismo puro y duro para dar sentido a un partido que tiene el (escaso) peso que tiene en las Cortes de Castilla y León. Populismo del que viene sobreviviendo un Podemos reducido a cenizas, también. Pero en el caso del PSOE y su alcalde leonés, la cuestión roza el ridículo porque mete a su partido en otro charco cuando tiene ante sí el reto mayúsculo de dar estabilidad a España. También a su León autónoma y oprimida...