PLAZA MAYOR

Maite Rodríguez Iglesias

Periodista


La mecha de la capitalidad

La cuestión de la identidad castellano y leonesa es compleja y, casi siempre, polémica. Está claro que no es un debate zanjado ni con una solución definitiva que evite periódicos roces y recelos entre provincias y capitales. De hecho, resulta curioso que en los territorios a los que algunos acusan de reclamar la centralidad se carezca de sentimiento regional. Y que también se caiga en el mismo pecado que se critica a los nacionalistas y se pretenda avanzar hacia el reduccionismo que defienden.
En esta situación, el debate de reconocer  o no oficialmente la capitalidad regional de Valladolid, algo que es real en la práctica porque la Ley 13/1987, de 29 de diciembre la fija como sede de las instituciones básicas del Gobierno regional, no es o no debería ser una serpiente de verano. Aunque parece ya asumido por los medios de comunicación y la propia opinión pública, que ya acepta como habitual que cada cierto tiempo se reproduzca este cruce de declaraciones, algunas poco afortunadas, entre cargos públicos o responsables de distintos partidos políticos. 
El resultado de esta herida sin cerrar no es positivo ni para los vallisoletanos ni para el resto de las provincias que miran con recelo  esta posibilidad. Una capital, desde el punto de vista político, es el lugar en el que se concentra el poder, y eso indiscutiblemente se localiza en Valladolid, aunque algunos órganos administrativos se hayan deslocalizado para evitar reproches a un centralismo mal entendido. Una situación que en la España de las Autonomías solo se reproduce en el País Vasco, donde Vitoria tampoco tiene reconocido ese papel, aunque no causa tantas fricciones.
El trasfondo del debate de la capitalidad  tiene mucho que ver con aspectos económicos. Y eso es lo que llevan años reclamando los sucesivos alcaldes de Valladolid, que defienden que esta capitalidad de facto debe ser reconocida con más partidas económicas, la potenciación de determinadas infraestructuras como el aeropuerto –que se pretende que sea de referencia regional– o el apoyo decidido de la Junta a determinadas iniciativas sociales o culturales. Unas peticiones a las que muchas veces ha tenido que responder negativamente José Antonio de Santiago-Juárez como portavoz de la Junta, pero que ahora en su nuevo papel de concejal popular en el Ayuntamiento de Valladolid ha decidido liderar aunque le cause un descosido a su propio partido.


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