ZARANDAJAS

Pablo Álvarez

Periodista


Tú habla así del caballo

09/02/2020

Aviso. Cuento fatal los chistes, pero vamos a intentarlo por escrito con éste, que tiene relación con lo que quiero plantear sobre el campo y nuestros pueblos. Estos son dos amigos que se encuentran:
- ¿Qué tal te va?
- Pues regular, ¿y a ti?
- A mi fenomenal.
- ¿Y eso?
- Me he comprado un caballo fuera de serie,  es una maravilla.
- Cuenta, cuenta...
- Pues, es un pura sangre, y está amaestrado: Me limpia el jardín, me trae el periódico...
- Te lo compro
- De ninguna manera. ¿No te he dicho que he ganado mucho con él en las apuestas?
- Te doy 300.000 € por él.
- Bueno, por ser mi amigo, te lo vendo. Pero con mucha pena...
Al mes se vuelven a encontrar
- ¿Qué tal te va con el caballo?
- Pues de pena. Corre como una tortuga, no obedece. No hace nada. Sólo sabe comer y cagar...
- Tú sigue hablando así del caballo, a ver cómo lo vendes...
Tú habla así del caballo… Tú habla así del campo. Tú habla así de la agricultura y de la ganadería. Tú habla así del mundo rural. A ver quién va a elegir un pueblo para vivir. A ver quién va a decidir dedicarse a cultivar las tierras o a cuidar el ganado.
El campo ha dicho ¡hasta aquí! No pasa una más y se han convocado movilizaciones y tractoradas en toda España. Un grito de desesperación ante la flagrante caída de precios y aumento de los costes de producción que hacen cada día más difícil mantener abiertas las explotaciones. Un grito que, por lo menos ahora, parece que ha servido de llamada de atención para que políticamente se tomen cartas en el asunto. (Déjenme que muestre mi escepticismo y dude de la utilidad de las medidas que se tomen ahora).
Las reivindicaciones de los agricultores y ganaderos que estamos escuchando estos días son más que justas. Tienen toda la razón. Mientras ellos se desloman para sacar adelante sus explotaciones y darnos de comer a todos, el que se hace rico con sus productos es un tipo que no ha pisado barro en su vida y simplemente hace sus cálculos desde una hoja de Excel sin derramar una gota de sudor.
Estos lamentos que hoy son gritos los llevo escuchando desde que nací. Y me consta que vienen de antes. La mentalidad de tú estudia y vete de aquí para labrarte un futuro mejor tiene más años que la orilla del río. Miguel Delibes, de quien se celebra en 2020 el centenario de su nacimiento, lo dejó reflejado como nadie en sus libros.
Si todo en el campo y en los pueblos fuera tan malo, ¿qué sentido tiene que se quede alguien allí? ¿para qué mantener la agricultura o la ganadería en esta dura Castilla? ¿para qué conservar nuestros pueblos? ¡Todo el mundo fuera y el último que eche la llave!
Es cierto que el trabajo en el campo es duro, que por muy bien que hagas tu labor, un día te viene un pedrisco o una sequía y echa por tierra el esfuerzo y sacrificio de todo un año; que de nada vale que la anterior cosecha fuera buena, pues recogida ésta ya hay que pensar en la siguiente, que no existen fines de semana y festivos. Que invierten mucho dinero cada temporada que no saben si podrán recuperar… Todo esto es verdad.
Pero no nos podemos quedar ahí. ¿Qué trabajo es sencillo? Todos tienen sus penurias. Es imprescindible hablar de lo bueno. Lo mucho bueno que tiene la vida rural. El campo tiene futuro. Hay que decirlo sin complejos. Un futuro prometedor. No quedarnos en lo bucólico, en los bonitos amaneceres y el canto de los pájaros. Seamos pragmáticos. La modernización de la maquinaria, la mejora de las semillas, la digitalización y la aplicación de las nuevas tecnologías también ayudan a garantizar ese futuro y que un chaval puede ganarse la vida en el campo más que dignamente. Mucho mejor que un repartido de Glovo, sin duda.
Si estas reivindicaciones sirven para acabar de una vez por todas con la mentalidad de ‘tú estudia y vete de aquí’ y permiten empezar a dibujar un futuro de esperanza, algo habremos avanzado. Hablemos bien del caballo.