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Javier Santamarina

LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Los cañones de Navarone

05/11/2021

Ya ha pasado suficiente tiempo para analizar con distancia el fracaso afgano. Es prematuro afirmar que este acontecimiento haya supuesto el hundimiento de una presidencia, pero le va a costar recuperar el prestigio a Joe Biden. Ha conseguido enfadar a los aliados, humillar a los afganos, avergonzar a sus compatriotas y ha superado un hito extraordinario, provocar un silencio absoluto de la izquierda occidental ante la debacle.

Desde un punto de vista estratégico, la retirada de Afganistán debería liberar recursos para centrarse en sus dos grandes retos, China y Rusia. Ambos países saben que tendrán que asumir unas responsabilidades en seguridad que antes ejecutaba gratis Estados Unidos.

Este margen de maniobra no es suficiente, porque la estabilidad que aporta la paz exige una política coherente y coordinada. Es absurdo gastar en defensa, si Estados Unidos integra en su tejido productivo a un país con el que puede tener un conflicto armado agudo, ya que el daño económico sería tan severo que no es creíble la amenaza. A China le deja indiferente cuántos barcos o aviones tenga Estados Unidos, lo que le preocuparía es que Estados Unidos deje de considerarle como un mercado interesante. Ese día demostrará que es un aliado sólido en Asia.

Tampoco vendría mal que las democracias discriminen a cualquier régimen no democrático en los foros internacionales, sin aspavientos pero con contundencia. Tratar con normalidad a los gobernantes que no se lo merecen cambia más al demócrata que al dictador, el cual lo confunde con debilidad. Obviamente, nada de lo dicho sirve si no hay un respeto sincero hacia el Ejército, se le dota de medios y se reconoce que está compuesto por verdaderos patriotas. Son los garantes últimos de nuestra libertad y estilo de vida.

Tras el acuerdo Aukus, la UE no debe dar por supuesto que Estados Unidos asumirá nuestra protección con la sangre de sus compatriotas. Nuestro gasto de defensa es pírrico, tenemos alergia filosófica al Ejército, hemos visto cómo se han modificado fronteras en el continente y dependemos energéticamente del mayor peligro para nuestro bienestar. Esta esquizofrenia demuestra nuestro cinismo vital. Llevamos demasiado tiempo renunciando a ser adultos y a ser responsables de nuestros actos, y confiamos en que las naciones se manejen por los mismos parámetros. La vida no es fácil y eludir los problemas no hace que desaparezcan. Es demasiado cómodo criticar, lo duro es tomar decisiones y vivir con ellas.