PLAZA MAYOR

Maite Rodríguez Iglesias

Periodista


La pesadilla del covid persistente

01/05/2021

Es una sensación general: estamos cansados, hastiados y hasta desmoralizados por los efectos de la pandemia. Son muchos meses de restricciones, de aislamiento social y, sobre todo, de incertidumbre. El coronavirus sigue muy presente en nuestra vida, aunque el avance de la vacunación anuncia que el principio del fin está cada vez más cercano. Además, en una semana se acabará el estado de alarma, es más posible que podamos volver a viajar y hasta que nos libremos de los toques de queda. Pero una decisión política no equivale a recuperar la normalidad, aunque haya una sensación generalizada de liberación. Algo que entraña cierto peligro porque los científicos advierten de que todavía no estamos en condiciones de conseguir la inmunidad de rebaño y minimizar así el riesgo de contagio. De hecho, recuerdan que no se puede caer en la trampa de la confianza porque las vacunas rebajan el peligro del coronavirus, pero no evitan cien por cien los contagios.
Todavía hay muchas incógnitas sobre este virus y sobre sus efectos secundarios en la salud de los contagiados. Casi un año y medio después de las primeras infecciones se está comprobando cómo pacientes que lo superaron sufren afecciones crónicas, e incluso algunos están peor que cuando eran positivos, como le sucede a la soprano Ainoha Arteta, que ahora está en una silla de ruedas por una inflamación vascular. El conocido como covid persistente es un doble castigo, una pesadilla en toda regla para quien ya experimentó sus efectos inicialmente. Y al desconocimiento científico sobre el por qué de estas secuelas, se une el del sistema sanitario y los especialistas para tratarlas. La sintomatología es muy variada e inespecífica, lo que agrava la sensación de impotencia y abandono de los afectados, que también se encuentran con cierta incomprensión social. Es difícil explicar cómo una mujer de cuarenta y tantos se siente en el cuerpo de una de 80, cómo una jornada laboral diaria es el equivalente a una maratón o cómo un paseo por el centro de Valladolid te agota y fatiga como una ruta de senderismo por la montaña palentina. Esa es la otra cara del covid, que no está vinculada a los pacientes graves o que estuvieron ingresados. Otra de las peculiaridades de este bicho. Cada vez se descubren más afectados y es necesaria más investigación y atención sanitaria para acabar con esta pesadilla.