LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Todas las mañanas del mundo

La llegada de Emmanuel Macron a la política francesa ha destrozado a los partidos tradicionales, con un ego casi comparable al de Angela Merkel, es evidente que confunde su persona con el estado; seguro que tiene una biografía de Napoleón en su mesilla de cabecera.

Tan brillante político, consiguió hace dos años un hecho inaudito, la dimisión de Pierre de Villiers, el jefe del Estado Mayor francés al oponerse a los recortes militares que proponía. El gobierno defendió la medida porque afectaba a proyectos de inversión a largo plazo y no a la capacidad operativa del ejército.

Recordar esta anécdota nos permite ver las cosas en su contexto adecuado. La política moderna vive de grandes gestos, ya que las palabras han perdido el valor para transmitir hechos futuros. No es que no haya un apego a la verdad, que no existe, sino que se asume que a la ciudadanía solo le importa el sonido y no el contenido de lo expuesto.

Cualquiera que tenga tiempo y ganas puede leer el último informe de la Heritage Foundation sobre el estado del ejército americano, sus aliados y en especial sus enemigos. Es evidente que Donald Trump no recuerda cuando fue la última vez que leyó algo más largo que un tweet, pero los republicanos se lo han leído de cabo a rabo. El estudio es duro, concienzudo y se le va un poco la mano al dramatizar sobre la falta de recursos; aunque las limitaciones de las Fuerzas Aéreas y en especial de la Armada son reales. En resumen, viene a decir que los rusos y chinos han incrementado tanto sus presupuestos que las ventajas operativas contra ellos se han diluido hasta poner en peligro la capacidad disuasoria real de su ejército.

Con respecto a sus aliados europeos, digamos que entienden que después de tantas décadas de falta de inversión, sus ejércitos son inútiles y no se engañan al respecto. Solo piden que se invierta en infraestructuras que permitan desplazar sus fuerzas en caso de agresión. Tan poca ambición es humillante, pero necesaria si se comprueba que la regulación alemana impide desplazar convoyes militares por las autopistas al ser vehículos demasiado grandes.

Es un error creer que la Unión Europea necesita una industria militar fuerte, cuando lo importante es que tenga un ejército ágil, operativo y eficaz. Para eso se necesita presupuesto, la industria es una consecuencia. Macron se ha quedado en el titular.



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