PLAZA MAYOR

Maite Rodríguez Iglesias

Periodista


El estrés de la 'nueva normalidad'

02/05/2020

Son tiempos convulsos. La crisis del coronavirus se está cobrando una factura desmesurada en vidas humanas y amenaza con colapsar la economía mundial. Dicho así parece el argumento de una novela distópica o una película de ciencia ficción de las que programan las tardes del domingo. Pero no, es una realidad que, curiosamente, muchos han decidido vivir virtualmente. Y eso que de esta convulsión saldremos todos con más heridas que magulladuras.
Solo esa vivencia virtual explica el estrés que genera la ‘nueva normalidad’que nos anuncia el Gobierno ahora que los datos apuntan que se doblega, al menos momentáneamente, la curva de contangios. Son muchos días de encierro, pero la simple mención de la palabra desconfinamiento ha provocado una efervescencia social que no concuerda con el momento de crisis que vivimos. El primer paso de la desescalada se vivió el pasado domingo con la salida de los niños. Y aunque lo políticamente correcto sea decir que el comportamiento general fue ejemplar, todavía no ha pasado el tiempo suficiente para comprobar si se producirá un efecto rebote en los contagios o no. No se trata de ver la botella medio vacía, pero tampoco de estar preparando la salida de este domingo como si se tratara de la celebración de fiesta nacional en la que hay que llenar las calles para festejar la llegada de la ‘nueva normalidad’.
¿En qué consiste esa nueva normalidad? ¿Cuánto durará? ¿Qué cambios conllevará? Son preguntas que nadie puede responder con certeza. Ese camino incierto, que tenemos por delante, no parece que se pueda recorrer precipitadamente, sin las debidas precauciones y sin dejar de lado todavía muchas restricciones en nuestra libertad de movimiento. Un peaje mínimo si conseguimos recuperar poco a poco el espacio social que nos robó el virus, pero siendo conscientes de que el espacio personal quedará seriamente afectado. ¿Cuándo podremos volver a abrazar a los familiares de los que estamos alejados? Unos abrazos que curarán heridas y reparán daños colaterales de una crisis que  comenzó siendo sanitaria, que luego se convirtió en económica y que, de fondo, ha causado profundos daños emocionales en cada uno de nosotros. Seguramente no volveremos a ser los mismos pero, con paciencia y sin estrés, quizás logremos ser mejores.