LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


El invisible Harvey

30/04/2021

Desgraciadamente, la Unión Europea y Estados Unidos no estuvieron nada finos cuando Ucrania sufrió un ataque directo a su soberanía; perdió de facto Crimea. Además, la parte este del país está en una situación de guerra de baja intensidad, donde el Estado no ejerce su presencia y los rusos deambulan con tranquilidad. Rememorar errores pasados es propio del masoquismo intrínseco de la izquierda, pero la historia se escribe mirando el futuro y no construyendo un relato falso de una época anterior. Ambas potencias no estaban dispuestas a asumir el sacrificio en vidas humanas que exigía la intervención rusa, ni Rusia estaba dispuesta aceptar un cambio político democrático de un país con el que tiene frontera.

Los políticos y los medios se olvidan con demasiada frecuencia que la cercanía condiciona el margen de maniobra de los gobernantes. La lista de argumentos que justifican la actuación rusa es tan amplia que solo un ingenuo pensaría que se iban a quedar impasibles. No significa que su actuación sea correcta, sino que era previsible. Es justamente en este punto donde Occidente debe hacer un ejercicio de autocrítica porque el precio lo pagan otros. Las sanciones económicas, las gigantescas inversiones rusas en Crimea, han provocado un daño al país pero no debemos infravalorar la capacidad de resistencia de una población por nacionalismo.

Pese a la manipulación mediática, Putin siempre se quedó dudando hasta donde llegaría Donald Trump en caso de aumentar la apuesta. Hubo ciertos gestos americanos que demostraron que no tenía problema en aportar material bélico defensivo a Ucrania, reforzar la OTAN y criticó con dureza el gaseoducto ruso-alemán. Mucho me temo que esa duda se ha disipado y todos los enemigos de la democracia, hay unos cuantos, van a preguntarse hasta donde está dispuesto a llegar Joe Biden.

Sus 78 años de edad no le hacen débil pero carece del apoyo dogmático del ala radical de su partido. Tampoco es que los militares estadounidenses confíen mucho en su mano firme, ya que a estas alturas el ejército sabe que la clase política habla un mensaje distinto del suyo. En este punto su desengaño con Donald Trump fue épico.

Entramos en un tiempo histórico muy peligroso. La población ha olvidado lo preciada que es la paz. El desprecio hacia cualquier sacrificio para defenderla es sincero. Mucho me temo que las posibilidades de un gran conflicto bélico aumentan por momentos. La duda es dónde, no cuándo.