A QUEMARROPA

Julio Valdeón

Periodista


Hace calor

Viernes de pasión, los termómetros a punto de saltar por los aires y el periodismo, y la vida, atrapados en dos clásicos irresolubles. Las crónicas de la caló’, insufribles en su simpática ensalada de lugares comunes, fotografías de peatones derrengados por las fuentes y reporteros desde el epicentro mismo del anticiclón o el volcán. Y comentarios muy repetidos de quienes agitan la cabeza para eructar que mucho cambio climático y mucha gaita pero a ver quién recuerda un verano así. Lo de las estampas socarradas en el telediario se entiende porque de algo debe vivir el monstruo y son 24 horas 7 días de la semana condenados a rellenarle el estómago. Si los canutazos de cualquier profeta venido a más dan para portadas y las deyecciones de un portavoz de serial killers amerita, entrevista en TVE, cómo no vamos a regalarnos estos días con los rudimentarios comentarios de los negacionistas del cambio climático. Su tosquedad tiene poca historia… excepto para reflexionar, como Steven Pinker esta misma semana, sobre el poder del sesgo y la incapacidad para entender el mundo con semejantes anteojeras. O por decirlo con el eminente psicólogo evolucionista, «Demasiados líderes, incluidos políticos, periodistas, intelectuales y académicos, se rinden al sesgo cognitivo de evaluar el mundo a través de anécdotas e imágenes en lugar de datos y hechos». De tal forma que, un suponer, Donald Trump «asumió el cargo con una visión distópica de la ‘carnicería’ estadounidense en una era en la que los índices de delitos violentos estaban cerca de mínimos históricos». Cuando abran el periódico o enciendan la radio y sean saludados por la enésima y soleada memez piensen que epitomiza uno de los problemas más serios de nuestro mundo y deprímanse. No es la solana, son las anteojeras. Los malditos sesgos, enemistados con la verdad y los datos. Su descorazonadora influencia.