LA MAREA

Antonio Pérez Henares

Escritor y periodista. Analista político


Pablo Iglesias, el intocable

13/10/2020

A Pablo Iglesias los tribunales no le pueden juzgar, ya lo ha dicho él mismo, si el Tribunal Supremo decidiera abrir una investigación sobre él, sería algo "inimaginable". Es más si el mas alto tribunal español decidiera tal cosa eso significaría "una vulneración del Derecho sin parangón en este país". Vamos, y diciéndolo sencillamente, Pablo Iglesias es intocable, a él no se le puede juzgar. Quien pretenda tal cosa ya sabe a lo que se expone. De hecho lo está sufriendo en propias carnes el juez García Castellón.

Un magistrado con 43 años de profesión a sus espaldas, que instruyó la causa que llevo a la cárcel a Mario Conde, entonces en la cima de su poder, que fue el enlace con Francia en la lucha antiterrorista en años durísimos y terribles, donde él mismo era objetivo preferente de la banda criminal, como lo fueron compañeros suyos asesinados por ETA. Un juez que no ha tenido otra línea de conducta "política" que la que le marcaba la ley y que ha actuado y actúa con el mismo rigor en el caso Punica o la Kitchen contra el PP.

Pues ya lo ven, Iglesias y su escuderos encabezados por Echenique y Monedero, se han lanzado a por él y han lanzado a sus tropas de orcos por las redes a destruirle. Es lo que mejor saben hacer, su especialidad, la pauta estalinista por definición. No es preciso rebatir los hechos ni combatir el argumento. De lo que se trata es de destruir a la persona, llenarlo de cieno, enfangar toda su vida, cuestionar su dignidad y convertirlo en un ser miserable y vil. Conseguido esto lo demás ya carece de importancia. Lo que diga y haga ya carece de cualquier valor. Eso es lo que hace la extrema izquierda, lo ha hecho siempre, es su seña, su escudo y su especialidad. Desde Stalin, y antes, y hasta hoy.

Con un añadido, la amenaza, al juez se las han hecho de todos los colores, sin dejar forma alguna de coacción, intimidación y acoso por explorar y tocar. Y un aviso a navegantes a todos: lo que le está pasando a él puede pasarle a los demás si se les ocurre seguir por ahí. ¿A que les suena eso? Pues sí. Copola lo retrató muy bien.

El juez no es de los que se arrugan. He seguido desde hace muchos años su trayectoria y reconozco mi admiración por él. Por ser, nada más ni nada menos tampoco, que un juez. Que ha entendido siempre que él tiene que "hablar" en sus autos y no en las televisiones ni ser estrella de ningún 'show'. Ahora su queja ha llegado donde tenía que llegar, al CGPJ, el órgano rector de los jueces. Y ha denunciado lo evidente. Que nunca en ninguno de los caos anteriores ha sido sometido a tal grado de presión y de amenazas publica contra su persona y su decencia profesional.

Ese es el ruido que Podemos está haciendo y esas son las artes que está aplicando. Porque de los hechos no quieren ni hablar. Y esos son lo esencial. A lo único que deberíamos prestar atención y ser el motivo y sustento de la información. Porque ahí es donde está el meollo, la almendra y no las cáscaras con que nos quieren confundir. Es ahí es donde Iglesias está pillado en su propia trampa y atrapado por su falsedad y sus mentiras. Y lo que los hechos indican y su secuencia aún más si cabe es que es un trapacero mentiroso que ocultaba lo esencial para acusar a los demás de lo que en realidad estaba buscando él, sacar provecho electoral a todo un montaje del que era más que nada el principal inductor. Que ello tenga responsabilidad penal no lo sé. Pero lo que es éticamente Pablo Iglesias sí que se sabe y se demuestra muy bien, pues queda al descubierto con total claridad. Sirvan sus actos y las fechas, recogidas en la exposición del juez, para demostrarlo:

Noviembre 2015. Robo de la tarjeta a Dina Bouselham, asesora suya con quien le une una especial intimidad. Ésta denuncia el robo.

Diciembre de 2105. La tarjeta llega a Interviu. Su director y su presidente, en vez de entregarla a su propietaria, se la entregan a Iglesias. Inaudito pero demostrado.

Pablo Iglesias se la guarda, OCULTA que la tiene en su poder y no se la entrega a la asesora.

Año 2016. Aparecen en OK Diario pantallazos ofensivos de Iglesias contra Mariló Montero que estaban en los archivos de esa tarjeta. Dina amplía su denuncia del año anterior. El servicio jurídico de Podemos conoce que ella misma envió, previamente a la sustración, documentos de la tarjeta a terceros, entre ellos esos pantallazos, sin que hoy se sepa a quien.

En algún momento Iglesias, tras haber mantenido en su poder y oculta la tarjeta se la entrega a Dina Bouselham, que reconoce ante el juez, aunque luego intenta cambiar de versión, que estaba dañada y ya no pudo acceder a sus contenidos aunque intento con expertos poderlo.

Durante dos años permanecen en silencio y no emprenden medida judicial alguna.

Año 2018. Aparecen en poder del comisario Villajero, algunos documentos impresos cuyo origen está en la tan manoseada tarjeta. Al ser informado de ello Iglesias, ve su oportunidad, y decide montar toda una campaña de propaganda como víctima de una conspiración de las cloacas del Estado contra él. EN TODO MOMENTO OCULTA QUE CUANDO APARECIERON LOS PANTALLAZOS ERA ÉL QUIEN TENIA LA TARJERA EN SU PODER. Tan solo cuando García Castellón lo descubre se ve obligado a reconocerlo y entonces todos comienzan, Dina y él sobre todo, a cambiar sus versiones. O sea a mentir.

Esos son los hechos y la secuencia temporal. La conclusión solo es una, Iglesias quiso engañar a los jueces y presentarse como la gran víictima. Todo se derrumba cuando se descubre que quien tenía "el cuerpo del delito" o sea la tarjeta, era él. Yo me atengo a ellos y me atendré a lo que el Supremo considere y entienda si tiene o no posibilidad de sanción penal. Como debe hacer cualquier demócrata. Pero es que Iglesias no lo es.