LA OTRA MIRADA

Ilia Galán

Poeta y filósofo


Mis balas

29/04/2021

«¡Que les corten la cabeza a todos!» He dicho más de una vez, festivo y en tono de broma, a los amigos, cuando miramos el escenario donde pululan como en un circo nuestros políticos. Muchos aplauden convencidos y cuando jugamos con ese fuego resentido planeamos el cadalso, guillotina, claro, en la Plaza de Oriente, frente al real palacio... Un reality show, donde irían pasando y las arcas del estado llenándose con la venta de los derechos de los que irían siendo ejecutados, sus sentimientos, sus familias llorando...
 Pero esto no deja de ser un desahogo dramático y estúpido ante un panorama odioso y, sin embargo, sabemos que el odio no lleva a nada bueno. A veces, la sociedad y su gobierno parecen llegar a puntos extremos que revientan las costuras de los convenios, leyes y acuerdos. El pacto social parece reventar y uno clama, herido, por una solución de modo vengativo, y se usa la palabra justicia como si de una horca se tratara. Sin embargo, la historia es importante leerla para no repetir malandanzas y tales son sus sabias enseñanzas con las revueltas. Si uno lee las páginas de las últimas revoluciones en la humanidad: la Revolución Francesa, la soviética, las de México, Cuba y otras, descubrirá que si no triunfan se ahogan en pantanos de sangre y dolor; si triunfan, también se asfixian entre abusos, en sangre y en prisiones, torturas y horrores. Y todo ello para volver luego casi al estado inicial, pues una vez en el poder no son pocos los pretendidos revolucionarios que se apoltronan y, acomodados, disfrutan de los privilegios del puesto y hasta se enriquecen y abusan como sus denostados predecesores. Véase el régimen intolerable de Corea del Norte, el de Stalin, el de Camboya cuando la hoz segaba y el martillo aplastaba todo.
Es feo, grosero y horrendo enviar cartas que amenazan de muerte a unos u otros políticos... Más propio de facinerosos y locos que quienes quieren buscar soluciones a una grave situación de crisis. Amenazas reciben muchos gobernantes en numerosas ocasiones, lo nuevo es airearlas y que aparezcan balas o navajas ensangrentadas. Pero lo más relevante es el uso simbólico que hacen de ello unos y otros.
No estamos de acuerdo con muchas cosas que proclaman los partidos, a veces con ninguno sintonizamos totalmente. Deberíamos estar en una democracia de propuestas a elegir más que de grupos políticos que nos dan paquetes cerrados. Pero, ya que nada mejor hay hoy, la sensatez nos ha de llevar a escoger, si no lo mejor, sí lo menos malo. La convivencia pacífica resulta esencial.
Mis balas sean ahora las del raciocinio y las del encuentro, pese a los desencuentros, donde intento comprender a los demás, a quienes no piensan igual y quieren incluso imponerme su verdad como si fuera la Verdad.