Punto cardinal

Imelda Rodríguez

Rectora de la UEMC. Especialista en Comunicación Política


Mediocridad en almíbar

Abocados a un nuevo proceso electoral. Parece un mal sueño, pero no lo es. Me gustaría saber cómo valorarían la alarmante situación que estamos viviendo las figuras más brillantes de todos los tiempos. Ya puestos a soñar, por lo menos, tener sueños inspiradores. Fíjense, Miguel de Cervantes, en una de sus insignes obras, relata un viaje al monte Parnaso para emprender la misión de reclutar a los mejores poetas españoles para librar una batalla contra los malos escritores. En su ánimo estaba combatir la mezquindad buscando la sagacidad de los mejores. Esta obra, publicada en 1614, ya apuntala la necesidad de luchar contra la mediocridad para impedir que se mutile el progreso. Curiosamente, esta amenaza revive hoy. Por eso algunos autores, como el filósofo Alain Deneault, ya han iniciado una cruzada intelectual contra la mediocridad. De esta forma, nos alerta sobre el conformismo inasumible de nuestra sociedad actual, que nos incita a vivir y trabajar como sonámbulos, penalizando incluso a los profesionales más sobresalientes. Parece como si lo mediocre se hubiera convertido en referente de todo un sistema. También en la esfera política, señala, donde el marketing ideológico ha superado al pensamiento político. Para Deneault, «los incompetentes no pueden liderar absolutamente nada, porque son un peligro empresarial, social y político».  Advierte de que la mediocridad nos amodorra, nos acomoda ante lo inaceptable y nos hace ver como necesario lo repugnante. 
Por una razón de mediocridad o no (juzguen ustedes), lo que sí está claro es que el bloqueo político y la inmovilidad, en todos los ámbitos, al que se está sometiendo a nuestro país es absolutamente inaceptable. En el entorno educativo, por ejemplo, se ha generado una bola de nieve que frena en seco la innovación. Urge activar líneas pedagógicas decisivas, en todos los niveles formativos. No podemos detenernos porque, en Educación, quien no avanza, retrocede. Caminar hacia un estadio irreversible no puede ser una opción, nunca. En esta época de inicio de curso, siempre pienso en la gran responsabilidad que tenemos de educar a las generaciones del futuro para que impulsen su pensamiento crítico (su gran riqueza).  Solo así podrán alejarse de la mediocridad y tener autoridad profesional. La autoridad de las mujeres y hombres libres. Los que detienen lo inaceptable y batallan a favor de lo justo. Los que construyen el porvenir sin excusas. Educar para la consistencia, en la actualidad, es una tarea decisiva. 
Por eso, a todos nuestros estudiantes –y a ustedes– les invito, desde cada una de sus posiciones, a combatir la mediocridad desde la valentía, el talento y la coherencia. Porque educar a nuestros jóvenes para el éxito sostenible supone también ejemplificar con nuestras acciones los valores primordiales. Si únicamente tienen la opción de mirarse en el esperpento político que hoy refleja España, el resultado sería desazonador. Ante este galimatías, cada actor debería asumir su nivel de responsabilidad. Porque acabamos de frenar en seco, así que urge activar la sensatez y la generosidad política (no solo como relato propagandístico). Parecen valores de extraterrestres pero deberían ser consustanciales al ejercicio político, en todos los lugares y tiempos (muestras de ello hay cuando se cabalga lejos de la mediocridad). En definitiva, creo que Cervantes hoy nos aconsejaría subir al monte Parnaso para enarbolar la bandera de la consistencia. Porque necesitamos profesionales –y por supuesto políticos– consistentes. Por eso hay que luchar contra la mediocridad, a veces enmascarada con el dulzor del almíbar, pero corrosiva allí donde aparece. Tenemos una decisiva tarea por delante, también educativa. Pero aún posemos la esperanza, hoy, nuestro caballo de Troya.