UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


Lo positivo

De las muchas reflexiones que nos dejará esta época triste que estamos viviendo, hay una que a mí me parece especialmente útil para el futuro. Aunque los pronósticos y las predicciones no están aún muy claras, no hay duda de que esto pasará; más tarde o más temprano, con más o menos destrozo en función de lo que dure, pero esto pasará. Y no será, o no deberá ser, indiferente. Lo que ha pasado tendrá, y debe tener, consecuencias. Una, muy directa, en la vida social y, por tanto, también en la política, que no es otra cosa que una actividad dirigida a ordenar la sociedad y a satisfacer las necesidades colectivas.
Veníamos de una época políticamente complicada, que se complicó aún más a partir de aquella otra crisis, la económica de 2008 y siguientes. Se cavaron muchas trincheras, se rompieron muchos lazos, se cultivaron en exceso los frentes, los ideológicos, los territoriales y hasta los personales, y la política fue adquiriendo un tono grisáceo, tirando a negruzco. Empezó a importar más lo negativo, y los discursos de combate y diferenciación fueron imponiéndose sobre los puntos de encuentro. También las estrategias mediáticas de corto plazo se impusieron sobre objetivos de largo plazo, sin caer en la cuenta de que en la polvareda del corto plazo suele primar la impaciencia, la agresividad y la discrepancia, y de que todo eso junto dificulta mucha encontrar espacios compartidos que puedan contribuir al interés común.
Tal vez lo que está pasando nos ayude a relativizar diferencias y a comprender que para llenar tantos agujeros como van a percibirse será conveniente, incluso necesario, que los frentes, unilaterales o de alianza lineal, estables o coyunturales, que funcionan como instrumento de confrontación, dejen paso a otros frentes, plurales y transversales, dispuestos a conjugar proporcionalmente la discrepancia razonable y la colaboración generosa. Esta crisis que estamos pasando tiene también sus oportunidades; si permanecen el día después, para tanto como va a hacer falta, podremos decir otra vez que no hay mal que por bien no venga. Y ojalá no tengamos más ocasiones como ésta para poder comprobarlo.