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Alfonso González Mozo

PLAZA MAYOR

Alfonso González Mozo

Periodista


Ladronas de almas

23/07/2022

Viajan en un coche cualquiera junto a dos o tres 'compañeros' de trabajo. No hay lujos porque deben pasar desapercibidos allá por donde vayan. Hablarán de sus cosas y no le darán más importancia al desplazamiento, absolutamente rutinario, aunque el destino final sea un asalto a un piso, al hogar de una familia a la que ni conocen pero a la que no dudarán en estropear su felicidad vacacional por un puñado de euros y joyas.
En el fondo, forma parte de su día a día. Son dos o tres mujeres y uno o dos hombres, aunque serán ellas las que se la jueguen, las que violenten puertas y revuelvan cajones. Son ladronas de casas profesionales y saben que el secreto de su éxito pasa por tener poco escrúpulo y un alto grado de movilidad. No vale apalancarse en una ciudad cualquiera y acumular palos en un par de barrios, porque cuanto más se muevan, más difícil será que sean detectadas y que las arresten.
Aunque tampoco sea esa la mayor de sus preocupaciones. Si caen, dormirán un par de noches en calabozos y recuperarán la libertad tras guardar el escrupuloso silencio que les aconseja su afamado abogado. Siempre es el mismo, cuentan, como su modus operandi.
Saben que tendrán que acumular muchas detenciones antes de que un juez las mande a prisión. Para entonces, estarán de vuelta a su Croacia natal y sus clanes habrán renovado la plantilla de ladronas, como si aquello fuera una suerte de academia del asalto.
De joyas, de dinero... y de almas. Porque pocos robos pueden ser más rastreros que esos que violentan la intimidad de una familia durante las vacaciones más sagradas, las de verano. «El robo cometido en casa habitada, edificio o local abiertos al público se castigará con una pena de prisión de dos a cinco años», dice el Código Penal, aunque es uno de esos delitos que debería tener una reprobación mucho mayor. Nada más privado que lo que vivimos en nuestro hogar, como para que un día vuelvas de vacaciones y te topes con todo violentado.
Más allá del valor de lo sustraído. Porque estas ladronas de almas arramplan con lo que haya, sea mucho o poco. Apalancan con un destornillador o deslizan un trozo de botella de plástico por el resbalón de la puerta, y se cuelan dentro. Ponen todo patas arriba, cogen el dinero y las joyas, y se esfuman. Otra vez al coche, otra vez en ruta.