A QUEMARROPA

Julio Valdeón

Periodista


Populismo de ida y vuelta

La tumba de Podemos fue el fallido tobogán a las estrellas de Vox. Los primeros no terminan de morir y los segundos no cosechan más allá de ese 10% que algunos pirómanos oteaban como futuras mayorías sociales. Entre medias queda el ascenso de los nacionalismos periféricos. Al final el populismo y sus diversas cepas sigue divinamente, gracias. En la provincia de Valladolid Vox presenta candidaturas en 20 pueblos. Meritorio habida cuenta de que en muchas ocasiones se trata de municipios muy pequeños. Podemos se desploma a 5, aunque asegura presencia en los núcleos más poblados.  El populismo voxémico reparte sus huevas entre lo rural y lo urbano según toque reivindicar a Blas de Lezo o recitar a Eva Forest. Lo contaba en un artículo estupendo Roberto Gris para El Día de Valladolid. A mí se me queda la cara entre pasmada y melancólica al recordar los resultados electorales de hace unos días y comprobar que los españoles demostramos nuestro arrojo para frenar al fascismo centralista que llega, llega, mientras contemplamos con plácida delectación el fascismo que dura y dura desde hace décadas en las comunidades autónomas. Bien está la progresiva debacle de un Podemos nacido para devorar el 15-M mediante la invocación de una cuadrilla de pensadores tan apolillados como vigentes en los círculos universitarios de hace medio siglo. Me parece fabuloso que hayamos tumbado las tumefactas fantasías ultras del partido Vox, que si bien nace como respuesta al golpe de Estado en Cataluña y la pasividad de las élites nacionales no es menos cierto que airea todo un programa de absurdos. Dignos de los más putrefactos candidatos de la extrema derecha europea. Pero ya me dirán que hacemos con la indiferencia con la contemplamos País Vasco y Cataluña. En el primero pegaban tiros hace 9 años y hoy cocinan un proyecto de estatuto digno de Sabino Arana. En la segunda acaban de conceder la Cruz de Sant Jordi a una Nuria de Gispert que no desaprovecha ocasión para su exhibir su imperturbable filiación racista. Así andamos.


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