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Juan José Laborda

RUMBOS EN LA CARTA

Juan José Laborda

Historiador y periodista. Expresidente del Senado


Andalucía o amanece, que no es poco

26/06/2022

Opino que España está políticamente mejor que otros países europeos -ahí está Francia cuyas simultáneas elecciones parlamentarias no han cerrado el problema de la inestabilidad, como sí lo hacen las andaluzas-, porque los electores hispánicos aún son capaces de elegir sensatez, a pesar de la demagogia de los partidos políticos, y de ciertos medios de comunicación, que buscan la perpetua lucha partidaria, y el sectarismo furibundo, con lo que se falsifica el debate crítico y racional, propio de la democracia. 

Juan Manuel Moreno, presidente de Andalucía, ha obtenido una mayoría que le permitirá gobernar con completa estabilidad. Los andaluces, probablemente, heraldos de este nuevo deseo político, le han dado casi el 44 por ciento de los votos. ¿Y a qué se debe esa mayoría, que según algunos llamados expertos, era cosa del superado pasado bipartidista? Pues sencillamente, que los ciudadanos están hartos que se gobierne en clave partidaria, olvidando que los problemas sociopolíticos, en España, se resuelven con acuerdos, y los más difíciles, con consenso. De paso, y esto va contra Podemos, que descalificó nuestra democracia de 'régimen del 78', en Andalucía gobernará el centro derecha, y eso es resultado de la plena libertad democrática de voto. 

El hartazgo es la otra cara de la moneda del desamor de los electores con los llamados nuevos partidos. En su origen, recibieron muchos votos y apoyo, pues los ciudadanos, incluso quienes no eran votantes suyos, creyeron que iban a introducir transparencia y probidad en el sistema de partidos políticos, y si entraban en coalición, o en colaboración, con los antiguos partidos, amanecería una radiante época de acuerdos y transacciones. 

Sucedió todo lo contrario. Probablemente, debido a la debilidad de la mentalidad liberal, y a la tendencia hispánica -considerar a quien piensa diferente que vive en el error y es un enemigo potencial-, los nuevos partidos fueron más de lo mismo, sólo que sin la experiencia de los viejos, y sin la ventaja que otorga tener historia, y un currículo amplio de gobierno. 

A esa plantilla cultural-atávica de los partidos españoles, se añadió su natural inclinación de quedarse con todo el botín electoral, es decir, intentando liquidar al partido más próximo y parecido. La historia, resumida, tiene bastante de surrealista, recordándonos la película del gran José Luis Cuerda (1947-2020), Amanece, que no es poco (1989), con aquella frase memorable: ¡Alcalde: todos somos contingentes, pero tú eres necesario! Sin la retranca aristotélica, ¡el jefe en el partido debe siempre decidir solo, por el bien del partido! 

Y así fue. En el comienzo de todo, Rajoy, en 2015, vino a decir no se haga nada (según la literatura inversa del Génesis), y renunció a presentarse a la investidura para presidente de Gobierno. Después, Pablo Iglesias, votó, junto con los de Rajoy, en contra de un gobierno de coalición de Pedro Sánchez y Albert Rivera. Hubo nuevas elecciones, en 2016, y Rajoy se presentó a la investidura, pues contaba entonces con el apoyo de Albert Rivera. Como los dos antiguos partidos, PSOE y PP, se debilitaban más y más, los dos nuevos, Podemos y Ciudadanos, se relamían pensando en sustituirlos. A partir de entonces, entre 2016 a 2019, ha habido cuatro legislaturas; los partidos en el Congreso de los Diputados rechazaron candidatos a presidente del Gobierno de todos los posibles; Pedro Sánchez fue depuesto por su partido por negarse a elegir a Rajoy, que, sin embargo, alcanzó finalmente la presidencia, pero fue víctima de la moción de censura de 2018; Sánchez, que ganó las primarias y volvió a ser líder del PSOE, se convirtió en presidente, pero se rechazaron sus presupuestos del Estado en 2019, ya que votaron en contra el PP, Ciudadanos, y los independentistas catalanes, socios en la censura; hubo otras elecciones, 28 de abril de 2019, y fruto a vez del nulo compromiso con las promesas electorales, y de la ley de la selva partidaria, Pedro Sánchez formó gobierno con Pablo Iglesias, y… hasta ahora, eso sí, con Pablo Iglesias fuera de las instituciones. De los nuevos partidos, Ciudadanos, que con Rivera descartó formar con Sánchez una clara mayoría de gobierno, quizá sea el ejemplo de las consecuencias del jefe que lo quiere todo, en vez de ofrecerse a colaborar, siendo sólo una leal parte del gobierno. Los demás partidos nuevos, incluyendo Vox, y los de en fase de parto, ¿entienden por qué Ciudadanos nunca fue el sustituto del PP, como Podemos respecto del PSOE?

Juan Manuel Moreno, y Alberto Núñez Feijóo, no van a llegar al Gobierno porque está cambiando el ciclo, sino porque todavía hay una mayoría que quiere salir de la locura política que comenzó en 2015, cuando los nuevos partidos -y un nuevo etéreo proceso constituyente- se vendieron como el ungüento de fierabrás de nuestros males políticos. El presidente Pedro Sánchez, y el PSOE, se han quedado sin discurso y sin justificación. Ahora, Adriana Lastra, con sus explicaciones del malísimo resultado del PSOE en Andalucía (la verdad, parecía el surrealismo de la película de José Luis Cuerda), parece ser el principal fallo de comunicación. No es verdad: el PSOE, y los demás proyectos a su izquierda, reales o potenciales, tienen que cambiar radicalmente su discurso principal, porque a Vox lo han detenido sólo los ciudadanos, votando inteligentemente al PP. 

Pero los ciudadanos quieren que se entiendan los grandes partidos, reformando lo que no se ha reformado durante tantos años. Si eso no se lleva adelante, aunque llegue un nuevo gobierno, volveremos a la misma situación de años atrás, sólo que es posible que la sensatez de los electores desaparezca, y nos encontremos en un callejón sin salida como en Francia.